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Exámenes de ingreso: La cuenta no da (III y final)

A pierna suelta duerme al fin la alumna Anabel Reyes Rodríguez. La pesadilla pasó. Previo a los exámenes de ingreso a la Educación Superior, no dudo que en los momentos de mayor tensión, la joven viera en sueños a Pitágoras cabalgando entre las tropas mambisas, o al demagogo Ramón Grau San Martín poblando de adjetivos su discurso electoral en busca de la presidencia de la República.

Odalys Rodríguez Pérez, la madre de Anabel, también respira a sus anchas, y aclara que tuvo que apelar a todo su oficio para no errar en el conteo de dinero en sus funciones habituales de supervisora en la sucursal de Cadeca, de Yaguajay, cuando llegó la hora de que su hija encarara las pruebas en blanco y negro.

¿Cómo su niña pudo salir ilesa?, indago.

“Gracias a sus profes del Ignacio Agramonte”.

En Sancti Spíritus, para los estudiantes de preuniversitario que rebasaron estas comprobaciones en su primera convocatoria y sus respectivas familias, los exámenes ya son mera historia; no así para los 479 que desaprobaron al menos una de las tres asignaturas: Matemática, Español e Historia.

Escambray está de vuelta con el aliento de haber despabilado los criterios de sus lectores, directivos de Educación e, incluso, de destacados intelectuales acerca de un acontecimiento reciclado curso tras curso: los resultados en las pruebas de ingreso.

EXPERTOS AL HABLA

En los días de revisión de los exámenes es más fácil entrar a la sede del Pentágono, en Virginia, Estados Unidos, que a la Secretaría General de la Universidad de Sancti Spíritus José Martí Pérez, donde radican los tribunales de calificación.

Debido al sistema implantado, el margen de error durante la calificación es mínimo, coinciden la doctora en Ciencias Pedagógicas María Elena Castro Rodríguez, presidenta del tribunal de Español, y los másteres Ysrael Coca Monteagudo y Ricardo Rojas Companioni, al frente del de Historia y Matemática, respectivamente.

Asequible para cualquier nivel de asimilación —evidente en el 92.3 por ciento de aprobados— resultó el cuestionario de Español, subraya Castro Rodríguez, a quien, no obstante, le inquieta cómo no pocos educandos llegaron hasta hoy con un número significativo de dislates ortográficos.

Mas, para la presidenta del tribunal la debilidad mayor se detectó en la redacción, criterio coincidente con el de la doctora en Ciencias Literarias y escritora Yanetsy Pino Reina, integrante de ese órgano y preocupada por las carencias culturales constatadas. “Inventarios léxicos muy pobres salieron a la luz, y su precariedad se hizo más visible al ver poca calidad en el manejo de las ideas”, añade.

No todos los estudiantes cayeron en las redes de dichas pifias; ser absoluto podría convertirse en pecado capital. Por su parte, en Matemática otro tipo de fallas colmaron la copa, según se desprende de las palabras de Ricardo Rojas, quien calificó de “muy laborioso y abarcador” el cuestionario. Si el estudiante venció el grado 12, sí podía resolverlo”, recalca.

¿El Ministerio de Educación Superior ha elevado mucho la varilla en cuanto a la complejidad de la prueba?

“No, no. El examen está en un nivel adecuado”.

Sin embargo, directivos y profesores de Educación aseguran que no se concibió para el alumno promedio.

“El estudiante promedio sí podía aprobarlo. Fue dramático ver preguntas en blanco o con apenas dos o tres pasos dados”.

Desconcertado también quedó Ysrael Coca, al revisar pruebas de Historia donde el alumno se abstuvo de responder la interrogante referida a la figura de Ernesto Guevara o lo hizo con escasísimos elementos. Fueron excepciones, pero los hubo, y se trata del Che.

A la par, Coca resalta el empeño de Educación en Sancti Spíritus en la preparación de los docentes y en la atención diferenciada brindada al grado 12; por eso, le quitan el sosiego los resultados de escuelas como la Frank País, de Trinidad; Leoncio Hernández, de Banao, y Honorato del Castillo, de la ciudad cabecera.

“Lo que hace falta no es emular con otras provincias, sino intensificar el trabajo y analizar los factores influyentes en los resultados”, manifiesta Coca Monteagudo, quien considera de “muy bien elaborado” el cuestionario aplicado.

En opinión del máster Carlos Gómez, también miembro del tribunal, la prueba “estuvo más cercana a lo que verdaderamente aspira hoy la enseñanza de la Historia”, y reveló “manquedades en la instrumentación de los programas de estudio desde la primaria hasta el preuniversitario”.

ESCUELAS ADENTRO: CONTRASTES

Si de resultados de las pruebas se comenta, el Centro Mixto Ignacio Agramonte y el Instituto Preuniversitario Urbano (IPU) Honorato del Castillo no se encuentran en Yaguajay y en la ciudad de Sancti Spíritus, como lo quisieron la naturaleza y el ser humano; sino en los polos norte y sur.

En el primero de los casos, todos los educandos aprobaron Español e Historia y cinco suspendieron Matemática de 43 presentados, y en el segundo, el 58 por ciento de los alumnos no alcanzó el mínimo de 60 puntos en al menos una de las tres materias: Matemática, 54 por ciento; Historia, 40, y Español —con un balance mucho más favorable— registró el 18.7 por ciento de suspensos.

Directora, ¿sus profesores son extraterrestres?, intento azuzar el diálogo con Yanirys Barreto Betancourt, al frente del Ignacio Agramonte.

“¡Qué va! Son muy consagrados y tienen un trabajo sistemático con el estudiante desde que entra al décimo grado sobre la base del diagnóstico, sin llegar al promocionismo. Al grado 12 debe llegar quien tenga las condiciones necesarias para enfrentar la universidad”.

¿Aún acecha ese problema?

“Aquí no, pero todavía hoy existen rasgos de promocionismo”.

Atento a la plática, José Ramón Sánchez, profesor de Matemática, esgrime su receta para salir con éxito del dilema del examen y arribar a la Educación Superior: trabajar, y aboga por que el rigor de las pruebas de los grados 10, 11 y 12 se acerque al de las de ingreso.

Como José Ramón y el profesor de Historia, Juan Leonardo García (Martel), Maribel Boffill Carvajal, de Español, paradigma igualmente en el magisterio espirituano, acompañó a sus alumnos desde grado 10 hasta el duodécimo.

Todo lo contrario ocurre en el IPU Honorato del Castillo, plantel que se encuentra actualmente “de rodillas”, como lo ilustra Pedro Jiménez Pérez, su nuevo director, quien advierte que más de la mitad del claustro corresponde a profesores contratados —incluidos técnicos de nivel medio—, cuyas obligaciones se limitan solo a impartir las clases. Quizás esa constituya una de las causas de su bajísima asistencia a las acciones de superación previstas allí.

A raíz de la estrategia diseñada a nivel provincial, pedagogos de vasta experiencia como Elpidio Morales, Carmen Alicia Pulido y Adriano Zamora —por cierto, contratados— asumen la docencia de duodécimo en el mencionado centro; sin embargo, “ellos no son magos”, aclara Doris Díaz Acosta, secretaria docente del anexo 12, en referencia a los vacíos cognitivos con los cuales llegan los educandos a ese grado.

Otra revelación venida de Doris Díaz me dejó pasmado: está demostrado estadísticamente allí que un alumno con índice académico de 85 puntos —peor aún si posee menos— “no tiene posibilidades” de dominar las pruebas de ingreso. Han transcurrido dos semanas de la conversación y aún hoy sigo boquiabierto.

SIN EMPECINAMIENTO

Si el laureado escritor fomentense Pedro de Jesús, quien discrepa de las reflexiones de los directivos de Educación aparecidas en la edición anterior, hubiera escuchado la acotación de Díaz Acosta, a lo mejor se animaría a remitir otro comentario a Escambray.

“Si el rigor en las evaluaciones sistemáticas, parciales y finales de nuestras escuelas constituyera una práctica fuera de toda duda, y, por tanto, el escalafón conseguido a partir de las calificaciones reflejara el verdadero grado de conocimiento de los alumnos, no se habrían implementado en el país, desde hace más de 20 años, los exámenes de ingreso a la Enseñanza Superior”, colige Pedro de Jesús en recientes apuntes enviados a nuestra Redacción.

Coincido con el narrador y ensayista en el reconocimiento al acto casi heroico que implica dar clases hoy, sobre todo porque los salarios, ni por asomo, retribuyen el valor de lo que instruir y educar significa. Nadie pretende, además, anular el desempeño de los directivos del sector, como opinan algunos de ellos.

Sin embargo, que apenas el 64.3 por ciento de los estudiantes no obtuviera 60 puntos en al menos en una de las asignaturas hace visibles mucho más las torceduras de la calidad de la enseñanza, aun cuando se insista en que Sancti Spíritus está a punto de concluir uno de los mejores cursos de su historia.

Este descalabro —sí lo es— semeja una cruz sobre las espaldas del sistema educacional y obedece a motivos multifactoriales. Ni todos los alumnos muestran a tiempo similar interés ni las familias tampoco; no disponer del personal docente idóneo y estable en determinadas escuelas cataliza el fenómeno.

No hablo solo de la Enseñanza Preuniversitaria; sino de las anteriores, como apunta Osmara Morales, madre de una egresada del Honorato del Castillo que sueña con aprobar la segunda convocatoria de Matemática y así poder cursar Medicina Veterinaria. Luego de gastar tanto dinero en repasadores, a Osmara, como a este periodista, la cuenta no le sigue dando. Por ello, donde dije “digo”… digo “digo”, y no es empecinamiento.

Un comentario en «Exámenes de ingreso: La cuenta no da (III y final)»

  1. Escambray ha publicado 3 artículos sobre el tema, es cierto que hay dificultades, no hay que tapar absolutamente nada, pero también hay que reconocer que tenemos el 4º lugar nacional en resultados de pruebas de ingresos, que la provincia ha desarrollado un buen curso así reconocido nacionalmente a pesar de que faltan alrededor de 500 docentes en el territorio. La Sede por el Acto Central por el 26 de Julio, Día de la Rebeldía Nacional así lo confirman.
    También debe recordarse que el Preuniversitario de la capital provincial Honorato del Castillo tiene la mitad de los profesores contratados.
    Coincido y felicito al escritor y al periodista por su sinceridad al publicar «en el reconocimiento al acto casi heroico que implica dar clases hoy, sobre todo porque los salarios, ni por asomo, retribuyen el valor de lo que instruir y educar significa».
    Comprendemos que el país no está en condiciones de aumentar el salario en un sector presupuestado tan grande, pero tarde o tempranos se darán cuenta que ese y no otro es el kid de la cuestión.

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