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Mis alumnos griegos

Por: Arturo Manuel Arias Sánchez. Profesor de Derecho de la Facultad de Humanidades.

Mis alumnos son cubanos y … ¡griegos! ¡Sí!

Creo que encarno un endeble remedo de Tiberio Coruncanio, excelso maestro de leyes en la antigua Roma, aclamado por sus discípulos cuando les disertaba sobre normas compulsivas de comportamiento social, exigido por las autoridades esclavistas de entonces.

Mi aula (o mejor, mis aulas: son seis, en amplio diapasón del entramado de modalidades de estudios y carreras universitarias) integrada por cubanos y griegos (estos últimos, de la más rancia y recia prosapia helena), ni por asomo, reconocen mis empeños cuyo fin es el que perseguía el ilustre profesor romano.
Cuando en plena faena pedagógica me enzarzo con los alumnos del patio, aquellos reviven personajes y hechos entresacados de los anales de la península helénica y de los poemas épicos de Homero, evidencias del indeleble atavismo que los une con sus antepasados.
Aquí les van.

Con suma frecuencia, irrumpe con bríos Fidípedes, el otrora ganador de una corona olímpica, quien al caer muerto entre los brazos de sus compatriotas, exclama ¡Regocijémonos, ganamos!, luego de correr desde la llanura de Maratón y avisar a los suyos de la derrota de los persas; solo que ahora mis Fidípedes están pulsando sus celulares, en hora lectiva, para enviar un mensaje trivial que nada tiene de épico.

¡Y qué decir de mi Jasón! Se cuenta que el capitán de los argonautas, aunando fuerzas para conquistar el vellocino de oro en la lejana Cólquida, visita un reyezuelo para sumarlo a su expedición y, al cruzar un riachuelo, la corriente de agua le arrebata una sandalia; el mío se descalza, desenfadadamente, en medio de mi diatriba en la sequedad del aula.

Entre mis aqueos también está presente el rey de Ítaca, nada más y nada menos que Odiseo, el fecundo en ardides, quien, para sofocar sus ansias de Penélope, extrae, subrepticiamente, una fina y estilizada ánfora de material plástico (extraña a la cerámica dórica) y bebe agua o refresco, una y otra vez, sin importarle el discurso didáctico del maestro: ¡tanto desea calmar su sed insaciable!

¿Y la presuntuosa Helena? En pose y vestimenta francamente seductoras, alejadas del modo de las vírgenes vestales, resalta sobre estas, cuidando más su bien parecer físico que su entendimiento en normas y penas; a diferencia de aquella, la raptada por París, los progresos de la cosmética y de la moda le ayudan a exhibir largas y pintadas uñas y torneados muslos, impúdicamente desnudos, bajo los cortos pantaloncillos que usa, para beneplácito de sus cortesanos.

¡Y qué decir de los Hércules y Atlas que porfían sus estructuras anatómicas pespunteadas de tatuajes estrafalarios! Lo lamentable de estos es que, los primeros no cumplen con sus tareas académicas (el mítico personaje realizó doce de ellas), y los segundos, no sostienen sobre sus poderosos hombros el mundo (como aquel otro) sino que lo olvidan y lo circunscriben a sus personalísimos egos.

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Otros aqueos ocupan asientos en mi salón de clases.

Los encantamientos también tienen su espacio. Es ahora la divina entre las diosas, Atenea, la que infunde dulce sueño en los ojos de, al menos, dos o tres de mis pupilos, que en su sopor levitan en zonas etéreas, bien distantes del encierro docente; cuando retornan de sus ensoñaciones, la conferencia está por concluir.
Pero con ella no terminan las reminiscencias griegas: ¡hay otras!

El célebre escultor Mirón, natural de la villa de Eleuteras, inmortalizó en su broncínea fundición a dos vencedores de los primigenios juegos olímpicos de la Hélade: Ladas y Timantes Licio, tocadas sus cabezas con sendas coronas de mirto y laurel, expresión de orgullo deportivo y de público reconocimiento.

No menos orgullosos que aquellos, pero sin el reconocimiento del pedagogo, asentados en sus sillas, se yerguen dos jóvenes, sin lauros atléticos pero tocados sus cráneos, a manera de fantasía coronaria olímpica, por dos gorras cuyas viseras apuntan hacia sus nucas, portando las letras mayúsculas NY (¡esta última es griega!), pero que de mala gana se destocan por pedidos del docente.

Digo más.

El mundo griego, preñado de augures y pitonisas con sus poderes de adivinación, a manera de alertas tempranas para lo que acaecerá en el futuro, contó con las premoniciones de Anfiarao, el más grande de ellos, anticipando fortunas y desgracias para los ciudadanos del Ática.

En mi aula cuento con más de un Anfiarao que, cuando enfrenta una evaluación escrita, escudriña el futuro de su nota en las mentes de sus condiscípulos pero, desde las profundidades del Érebo, se levanta Cancerbero, con sus tres cabezas y otros tantos pares de ojos, para frustrar la adivinación y así, sofocar la intentona del moderno adivino.

Estos son mis alumnos griegos.

¿Ha llegado a su aula algún náufrago de la nave Argos o víctimas de los monstruos Caribdis y Escila?

Yo creo que sí.

Pero también, afortunadamente, los más son cubanos que me infunden ánimos en la prosecución de la tarea educativa y, aunque a veces flaquee, como el mítico Anteo, mis pies sobre la tierra madre, me nutre y renacen mis fuerzas para proseguir la tarea de Tiberio Coruncanio.

 

16 comentarios en “Mis alumnos griegos

  1. Brillante, profesor. Muy bien ilustrada su aula con alumnos «griegos», espero que sus luces le alcancen para comprender el mensaje, y que poco a poco vuelvan con sus ancestros para dejar «espacio» a los cubanos, con Tiberio al frente todo es posible.

  2. Felicidades, profesor, su crítica a las actitudes poco adecuadas de diferentes estudiantes de sus grupos deja con claridad traslucir su actividad tan educativa para todos. La remisión a la cultura griega con esa fina ironía nos hizo disfrutar la lectura del material con el que pudimos reír a carcajadas y a la par reflexionar cuánto tenemos que seguir trabajando para lograr que esos «griegos» lleguen a convertirse en los profesionales cubanos que necesita nuestra sociedad.
    Consejo de Dirección, Facultad de Humanidades

  3. Arturo.
    Felicitaciones.
    Creo que la ironía y la mayéutica también fueron métodos de enseñanza muy usados ¿Por Platón o por Sócrates?.Luego la tradición moderna los ha convertido o llamado «métodos de enseñanza problémica» Su artículo me permite reír, más que todo por las ocurrentes comparaciones que nada se alejan de la realidad, las vemos a diario, pero más que todo me llevan a razonar cuanto nos falta por hacer en la educación de nuestros jóvenes.La fina ironía con que usted describe a sus alumnos «griegos» es digna de elogio. Solo los que poseen una cultura verdaderamente integral como usted pueden usarla sin causar rasguños y llegar más allá de la epidermis. MUCHAS GRACIAS.

  4. Lo más serio que he leído en años, desde la ironía, al estilo socrático. Una excelente propuesta que publicaré en todos mis blogs internacionales. Le felicito.

  5. Cuando me hablaron de este escrito ni idea tenía sobre la profundidad y alto nivel cultural. Con suavidad nos ha demostrado cuanto tenemos que trabajar para fortalecer nuestro trabajo politico ideológico, el que debe estar profundamente marcado por esa excelente caracterizacion de nuestro alumnado (donde se debería incluir a otras personas de nuestra comunidad universitaria), la exigencia de la disciplina a todos (indudablemente algunos son mas rigurosos que otros y esto influye en lo que realmente existe), y el adecuado trabajo para formar y/o gestionar valores propugnados por nuestra Revolución (No todos contribuimos a su gestion por igual) y una fuerte contribución al desarrollo de la formacion integral del futuro profesional tan necesario para los tiempos que se avecinan. Ojala que todos nuestros trabajadores lo lean y reflexionen para todos porner al desnudo nuestras debilidades y trabajar de manera cohesionada en la solucion de este asunto.

  6. —Mis felicitaciones y parabienes, profesor, excelente artículo; es la mejor crítica al comportamiento de los educandos en la Cuba de hoy (adolescentes y jóvenes) que tenido oportunidad de leer y único al abordar el tema haciendo alusión con fina ironía a la cultura griega. Espero que sus (y nuestros) discípulos tengan suficiente sapiencia para entender el mensaje; si es que llegan a leerlo algún día por voluntad propia.

    —«(…) La arcilla fundamental de nuestra obra es la juventud: en ella depositamos nuestra esperanza y la preparamos para tomar de nuestras manos la bandera (…)» Ernesto Che Guevara.

    —Hoy más que nunca, es tarea de maestros y profesores “moldear esa arcilla” con la implicación de la familia, la comunidad y toda la sociedad.

    1. Ayer hice la prueba de comentar con mis alumnos (me parece que hice una mala selección: todos eran griegos) del artículo de marras y, para confirmación de mis conjeturas, se aburrieron al leerlo, no sabían qué quería decir en el mismo, y lo peor, no sabían leer: se detenían en la lectura ante palabras un tanto de poco uso y confundían su pronunciación.
      !Válgame,Zeus, como tienes creyentes en nuestro predio!

  7. Es un trabajo inteligente y una forma novedosa de decir, al estilo que debería caracterizar a esta generación, cuanto hacen nuestros profesores para hacerle entender a nuestros jóvenes sus deberes para con esta casa de altos estudios, que al final es para su propio bien y futuro. Jejejej Pero: «No hay peor sordo que el que no quiere escuchar» y solo aprecio un comentario de estudiante, así que a los profesores no toca multiplicar este trabajo pues es una verdadera lástima que nuestros universitarios no le den aunque sea una lectura. Reí muchísimo y pase un momento agradable con un trabajo tan original. Fidel expresó en una ocasión que él prefería la fina ironía que la crítica directa, este escrito demuestra cuanta verdad hay en ese comentario de nuestro Comandante en Jefe.

    Muchas gracias profesor

  8. Si en este momento comentara con mi esposa la parte de su trabajo que más nos diverte es la parte de Hércules y Atlas, pero la parte que más nos gusta es su final, el reconocimiento a la esperanza. Su visión de futuro en el que todo no está perdido, es para mí el mensaje que más debemos ponderar. Me uno al agradecimiento de todos lo que lo han hecho, aunque mi pregunta sea ¿lo entenderán nuestros alumnos griegos?

  9. Profesor excelente y muy atinado este artículo, elegante su manera de reflejar la realidad de nuestros estudiantes,ojalá todos o al menos una gran parte de ellos se preocupe por leerlo e interpretarlo.

  10. Profe, qué lástima mi demora en leer su original, culto, excelente y pertinente artículo. Creo que como usted, todos tenemos unos cuantos alumnos griegos en los que se evidencia cuánto se ha perdido lo que se le llamó educación formal, hoy cívica o ciudadana. No sólo de eso se trata, pues denotan una alarmante falta de comprensión de los mensajes y un déficit cultural extraordinario, resultante tanto de deficiencias de nuestro sistema educacional como del paternalismo entronizado que tiene entre sus varias expresiones la recurrente práctica de los padres que les hacen las tareas, seminarios y toda clase de actividades extradocentes. Es un artículo en el que su fina ironía nos instruye a todos. Gracias por hacerlo e invitarme a leerlo.

  11. No lo van a creer!!! Yo estuve presente cuando el profe trató de exponer ante ese grupo el artículo; y les aseguro de parte de mis memorias…que son unos griegos genuinos!!! Muy buena la analogía para enseñar algo importante a todos, la ilusión vana y superficial que viven la mayoría de los jóvenes y casi toda la adultez en estos tiempos. Artur, nos vemos.

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