home ¡Hasta siempre, Comandante! Mensaje ¿inútil? a los sietemesinos

Mensaje ¿inútil? a los sietemesinos

Por: José Francisco Echemendía Gallego
Cómo admitir que existan personas capaces de festejar la muerte de otro ser humano; pues sí, lamentablemente las hay. Al conocerse en la noche del 25 de noviembre del fallecimiento del líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz, cientos de personas, quizás miles; salieron a las calles de Miami a celebrar el suceso, en francas manifestaciones de “bacanal” política.
Quienes actúan de esa manera solo demuestran lo poco que valen como adversarios políticos, no les quedó otra alternativa que esperar 57 años para vivir el consuelo de ver morir de forma natural, a los 90 años, a quien encarnó a todo un pueblo. Ninguno, porque todos “lo festejaron” allá, tuvo el valor, la decencia y la dignidad de adversarlo aquí, en Cuba; y por favor, no hablen de represión y riesgos, que ese extraordinario hombre a quien hoy pretenden mancillar con su jolgorio, se atrevió a enfrentar a quien sí era un tirano y asesino –Fulgencio Batista- y lo hizo a riesgo de su integridad física y de su vida; todos (los que festejan), de una forma u otra se pusieron al servicio de los intereses de 11 administraciones norteamericanas que pretendieron, como lo siguen haciendo hoy, apoderarse de Cuba.
Nuestro Héroe Nacional los retrató de cuerpo entero hace más de 125 años cuando expresó en Nuestra América: “A los sietemesinos sólo les faltará el valor. Los que no tienen fe en su tierra son hombres de siete meses. Porque les falta el valor a ellos, se lo niegan a los demás.”
Se puede celebrar cuando existe el triunfo de una causa justa; los pueblos de Europa festejaron junto a los soldados soviéticos o de las tropas aliadas la derrota del fascismo; el pueblo negro de Sudáfrica bailó y cantó -con razón- por la caída del régimen del apartheid; pero ustedes no sé por qué bailan y cantan, solo se detuvieron los latidos del corazón de un hombre, pero sus ideas, su legado político y su obra todavía están, y estarán vivos; esperen –que es lo que han hecho hasta ahora -ver caer la REVOLUCIÓN para que pueda asistirles el derecho de festejar- aunque no se lo aconsejo, pues no creo que sean como Matusalén; ya verán en el transcurso de estos dolorosos nueve días, una vez más, la respuesta de un pueblo unido y dispuesto a defender la memoria de su líder histórico y su REVOLUCIÓN.
Ustedes son, al decir de José Martí, “¡Estos hijos de carpintero, que se avergüenzan de que su padre sea carpintero! ¡Estos nacidos en América, que se avergüenzan, porque llevan delantal indio, de la madre que los crió, y reniegan, ¡bribones!, de la madre enferma, y la dejan sola en el lecho de las enfermedades! En ustedes se incuba y crece el ideal del anexionismo, pero como en el siglo XIX, aquí están los mambises para luchar por la independencia y la libertad de Cuba.
¡Gloria eterna a Fidel Castro!
¡Viva Cuba libre!

3 comentarios en “Mensaje ¿inútil? a los sietemesinos

  1. «Mensaje ¿inútil? a los sietemesinos».

    —Es un mensaje para los que se alegran de la muerte de Fidel.

    —Dicen que «Todos los enemigos se pueden vencer»: Fidel Castro, es el líder que sobrevivió a 638 atentados, por ello recibió el Récord Guinness.

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  2. Como siempre los malagradecidos, los cobardes y los lamebotas festejan victorias que nunca han tenido, ese es el consuelo que les queda a los enanos de alma y pantalones, esos que usan la oscuridad de la noche para hacer y decir, esos que ladran desde lejos y les falta lo que que siempre le sobró a nuestro comandante.

  3. Pobres de espíritu, de coraje, de humanidad. Pobres de ideas, de convicciones, de ideales. Hambrientos de venganza, vacios de esperanza. Gusanos que se alimentan de los despojos de sus propias heces, pacotilleros y lamebotas que no tuvieron ni el honor de conocerlo, ni el placer de seguir su ejemplo y compartir su tiempo y sus ideales.
    No vale la pena ni pensar en ellos. No valen ni un minuto de nuestro tiempo, de nuestro duelo y de nuestra convicción de seguir adelante.
    Que sigan para siempre revolviéndose en su propio estiercol. Bien merecen un Guinness a la espera y otro por la desvergenza.

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