home ¡Hasta siempre, Comandante! Un hombre excepcional

Un hombre excepcional

Autor: Israel Acosta Gómez
Estudiante de 2do año de la Lic. en Español-Literatura

“La patria es espíritu. Ello dice que el ser de la patria se funda en un valor o en una acumulación de valores, con los que se enlaza a los hijos de un territorio en el suelo que habitan”, así nos afirma Ramiro de Maeztu, escritor español. También José Martí nuestro Héroe Nacional nos lo demuestra: “La patria es dicha, dolor y cielo de todos y no feudo ni capellanía de nadie”. Estas frases definen toda una vida plena de sacrificios y toda una existencia copiosa en hechos, como la principal alegoría de su intransigencia cívico-patriótica.
En la vida existen momentos dolorosos, en la vida coexisten circunstancias que nos entristecen; en la vida hay realidades que nos punzan: el deceso del más grande, del más imprescindible, del más intrépido y locuaz, del más perseverante, del más intenso ser humano. En la vida es preciso “sentir” y hasta “llorar” al más esforzado de sus habitantes, al más sincero y orgulloso de toda una nación, a Fidel.
Plenamente inspirado, y con profundo dolor, deseo expresar lo que un día un filósofo alemán expresó sobre la vida: “Aquel que tiene un porqué para vivir se puede enfrentar a todos los “cómos”, hoy puedo decir con total certeza que, la muerte es como un arma implacable, pero cuando se ha cumplido con honor y entereza, pues no resulta cierta.
Martí en una ocasión dijo: “Lo primero es ser bueno, lo demás, para que la bondad sea útil, que los otros sepan dónde está, ser bueno es el único modo de ser dichoso…”. Fidel, siempre fue capaz de mantener sus principios éticos, morales, su convicción de revolucionario, ser bueno, ser dichoso, de poder contar con un pueblo entero.
Otra frase se nos aproxima en los labios: “A los héroes se les recuerda sin llantos…se les recuerda en sus actos, del que cayó con el machete en el mismo lugar…”, así nos decía Sara González, porque ese recuerdo permanente debe y tiene que ser el de constituir un protagonista de su tiempo, y legar para otros, modelos para la acción, modelos para continuar edificando. Cuando se desee buscar a un hombre, enteramente humano, enteramente en sí mismo, íntegramente en todas las esencias, sin dudas y sin reparos, Fidel es el modelo, es el ejemplo, es el camino. A Fidel le tocó ser el hombre de acero, el roble gallardo, el cielo inmenso, la misma vida de cada hombre que lo ama, respeta y sigue.
Cierta vez, alguien me enseñó, que toda la obra de la Revolución es en sí misma, la representación más exacta de su líder; el nuestro, Fidel; constituye su base y condición. Su estirpe perpetuamente sincera al resolver cada problema, nos deja ya para siempre, un tesoro de indiscutible valor, porque nadie supo como él resistir problemas, resolver escollos y enfrentar las grandiosas batallas en la Roma de todos los días, “su trinchera de combate”.
“Pero cuando el país llama, es necesario responder”, así afirma Martí con total seguridad; pero, cuando llama Fidel, sin dudar acudimos todos; es que Fidel es indivisible para su país; Fidel es un pueblo entero, cada parte y región, cada suelo, es cada forma de su férrea figura.
Fidel, el guerrillero del tiempo, autodefinición precisa, representa el ideal de los principios del internacionalismo proletario, es la exaltación de cuánto se puede hacer cuando se sabe que para lograr la victoria es necesario luchar, y si es preciso, morir. Nuestro Comandante en Jefe nos enseñó y, cito: “…Todo revolucionario tiene el derecho de defender valientemente sus criterios…” como también nos educó en su pensamiento estratégico al decir que: “…Basta ya de distracciones, hacen falta, acciones concretas…”, estos legados son el resultado innegable que todo cubano puede poner en su praxis cotidiana de vida.
Hoy, ya hace mucha falta Fidel, sí, porque nos mostró cómo adivinar en qué piensa el imperialismo norteamericano y nos preparó para poder “…desafiar esas poderosas fuerzas dominantes…”, estas que son la principal y colosal tarea que nos impone la vida.
Fidel, eres historia viva y simiente de incalculable trascendencia. El mundo hoy te pide, sin llantos y sin caprichos, que vueles alto como el cóndor vigilante en los Andes de la América, que sigas mostrándonos los verdaderos caminos y que tus sabidurías nos acompañen siempre.
Cada cubano digno y justo hoy podría preguntarse: ¿No es cierto que todo hombre tiene un gran privilegio?, ¿no es cierto que todo hombre tiene una gran misión?, pues Fidel tuvo, como premio, un gran privilegio y una honrosa y gran misión: el privilegio de vivir y la misión de existir y hacer. Cabría ahora preguntarse con mayor sentido: ¿Cómo hubiese deseado Fidel que lo recordase su pueblo? El mejor recuerdo de Fidel, el mejor homenaje, es persistir en la idea de salvaguardar y continuar en la construcción de un socialismo próspero y sostenible.
Fidel siempre va a ser Fidel, con esa fuerza moral que lo caracterizó, y el más ilustre de los pensadores de entre siglos: un hombre que estará en cada día, como cada amanecer requiere, pleno de luz.
Los aforismos que sentencian el carácter y la disciplina de un hombre, la nitidez y la entrega de un ser, la decencia y la moderación de un revolucionario, son varios; pero este lo resume todo: “Un pueblo está hecho de hombres que resisten, y hombres que empujan. Cuando mi voz calle con la muerte, mi corazón te seguirá hablando, porque en un pueblo hay que tener las manos sobre el corazón del pueblo”.
¡HASTA SIEMPRE COMANDANTE!
¡COMANDANTE EN JEFE, ORDENE!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Resolver : *
16 + 10 =