Mi Fidel

Ángela Lidia Fleita Duquernes
Hoy las cenizas del Comandante llegaron a Santiago y solo ahora encuentro algunas palabras para hablar de mi Fidel.
Cuando la primera Caravana de la Victoria yo no había nacido, pero allí estaban mis dos abuelos, carreteros de aquellos tiempos; esta vez, gracias a Fidel, estaba mi hermano camionero.
Allí estaba mi padre, no era analfabeto, pero la Revolución lo encontró mocha en mano en los cañaverales; esta vez, gracias a Fidel, es un jubilado del sector educacional. .Allí también estaba mi madre, casi analfabeta y trabajando como criada; esta vez, gracias a Fidel, es una jubilada que aprovechó varias oportunidades de superación. Gracias a Fidel estamos sus hijas, preparadas y trabajadoras todas.
Cuando la primera Caravana de la Victoria también estaba un niño negro y pobre que vivía en una cuartería, que hace poco partió, pero gracias a Fidel tuvo vivienda, estudió y trabajó en una universidad y, por si fuera poco, la medicina cubana le regaló 29 años de vida. Con este hombre construí una familia y gracias a Fidel, nuestros hijos también son graduados universitarios que materializan su proyecto de vida; mi pequeño nieto es educado en un círculo infantil y aunque con sus dos años no comprende en toda su dimensión lo que acontece, vitorea a Fidel, a Cuba, a nuestra bandera. Eso y mucho más se lo debo a mi Fidel, por ello esta negra cubana, de origen humilde, profesora universitaria, le juró fidelidad eterna, por eso le despedí con mucho dolor y por eso siento mucha pena, no por mi Fidel, la siento por los que no le comprenden en toda su dimensión, como tampoco comprenderán a este mar de pueblo que en estos días solo alza la voz para rendir homenaje y entre otras cosas decirle “YO SOY FIDEL”.
Por mi parte, descanse en paz mi Comandante, usted lo dijo, “la suerte está echada, VENCEREMOS!”

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