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El «Correcto» humor de Andy

Tomado de Granma digital

Facundo Correcto, Aguaje, Bienvenido Blanco… tras estos personajes se esconde Andy Vázquez, uno de los humoristas más exitosos del momento en el panorama cultural cubano. Este baracoense de 39 años deleita al público cada noche de lunes, junto al resto del elenco del programa televisivo Vivir del cuento, galardonado varias veces con el Premio de la Popularidad, que otorga el certamen organizado por el programa Entre Tú y Yo, en la categoría de Espacio humorístico.

El actor goza de gran popularidad entre el público cubano, debido a su versatilidad, pues interpreta roles muy diferentes, que en ocasiones coinciden en algunas de las entregas del espacio.

Su incesante movimiento en el sillón me revela lo que más tarde su madre confirmara: Andy fue un niño hiperactivo. Según María Eugenia, le dio no pocos dolores de cabeza, «era algo así como el bufón de la clase». Cuenta que sus chistes hacían reír incluso a sus profesores; y fue precisamente esa inquietud la que lo llevó a crear tantos personajes, que según el propio actor, ya rozan la veintena.

Andy comenzó a actuar desde muy joven. Su primer acercamiento a la televisión fue con apenas 14 años, con un papel en la telenovela Prefiero las rosas, de Raúl Pérez Sánchez. Tras su debut televisivo participó en otros espacios como Tras la huella, Jura decir la verdad y No quiero llanto, en los que aparecía de forma esporádica. Además, hizo comedia en teatro junto al grupo Onondivepa, dirigido por Alfredo Oliva, donde conoció a Baudilio Espinosa, a su juicio un maestro del humor teatral.

Andy asegura que «no hay cosa que me haga más feliz que ver a una persona sonreír y si yo soy el causante de esa sonrisa, me hace doblemente feliz».

—¿Cómo llega a Vivir del cuento?

—Todo comenzó porque me invitaron a participar como jurado del programa humorístico Los amigos de Pepito. Ahí conocí a Ignacio Hernández (Nachy), director de aquel programa y de Vivir del cuento. Luego le comenté a Luis Silva que no estaba haciendo nada en el plano profesional y había visto que en los sketch siempre aparecían diversos personajes, que me interesaba entrar al programa. Fui colándome poco a poco, hasta quedarme en los tres papeles que interpreto actualmente.

«Así, tenía pequeñas apariciones en la pantalla chica con roles ocasionales, pero sin pertenecer a la plantilla del programa. Fue cuando el personaje de Indira, interpretado por Olivia Manrufo, salió del programa, que entro a formar parte del elenco».

Andy se ha ganado un lugar imprescindible en el programa por sus personajes, pero sin lugar a dudas, Facundo Correcto llegó para quedarse.

«Facundo, a diferencia de Aguaje y Bienvenido Blanco, es una creación mía, pues estos dos son creaciones de Antonio Berazaín y Antonio Gutiérrez. Es un personaje que roza lo negativo, mucha gente me dice: en mi barrio hay uno idéntico a ti, no por el físico sino por la personalidad. Surge casi sin querer».

El actor asegura que Facundo Correcto es el papel que más satisfacciones le ha dado, aunque en principio fue el más difícil de interpretar. Es un personaje con doble moral, que siempre pide dinero para actividades de la comunidad, pero nunca las materializa.

«Se me ocurrió ponerle una guayabera, para el peinado me inspiré en el personaje de Chema, de la teleserie española Aida, y para el nombre recordé a un señor de Baracoa, que siempre me llamó mucho la atención. Cuando terminamos de grabar la escena al director le gustó tanto que decidió incluirlo en otros capítulos, y así se fue haciendo habitual».

—¿Ha marcado Vivir del cuento un antes y un después en su carrera?

—Por supuesto, junto a Mario Sardiñas y Luis Silva he aprendido muchas técnicas de actuación en la televisión, he crecido como actor y como comediante. Es un programa en el que me he divertido mucho, cada capítulo tiene algo especial.

Andy cuenta que la realización del programa es un proceso muy divertido, donde la improvisación es protagonista. Para él, el éxito de Vivir del cuento es el resultado del trabajo mancomunado de todo un equipo de realización que busca hacer un humor inteligente y acorde con su público. Cuenta que con un director como Nachy, que por momentos deja de ser director para ser escenógrafo o utilero, y que le pone muchísimo amor a su trabajo, y un equipo de guionistas encargados de la columna vertebral del programa como Tony Gutiérrez, Antonio Berazaín y Jaime Fort, ligado al ingenio de los actores, el trabajo se hace mucho más placentero.

—Si tuviera que crear un nuevo personaje para Vivir del cuento, ¿cómo sería?

—El amor secreto de Facundo, sería una mujer poco agraciada —como dice Ruperto— vulgar, negociante… y pondría en aprietos a Facundo de vez en cuando. Una mujer totalmente opuesta a él, por lo que la mantiene oculta a los demás.

El éxito de este hombre —de formación totalmente empírica— no solo está en su capacidad como actor, sino también en la heterogeneidad de sus personajes, que en ocasiones son completamente antagónicos —Facundo Correcto representa una aparente versión de la ley y el orden, mientras que Aguaje, la corrupción y la marginalidad—. Comenta que ha encarnado pocas veces papeles dramáticos, pues lo que realmente lo apasiona es el humor.

—¿Cuánto de Andy Vázquez hay en cada uno de ellos?

—Creo que nada tengo que ver con ninguno. Jejeje… aunque los amo a los tres.

—¿Algo que aún no haya podido hacer?

—Me gustaría hacer cine, pero con uno de mis personajes y si fuera con Facundo sería genial.

—¿Cuál es la diferencia entre hacer humor para la televisión y hacerlo para un público en vivo?

—En la televisión uno puede equivocarse y repetir, pero en vivo «es otra historia», las equivocaciones deben arreglarse en cuestiones de segundos. No te puedes imaginar lo rico que es tener a 5 000 personas esperando que los haga reír, es realmente maravilloso.

Durante varios fines de semana de este mes Andy ha sido feliz, porque las risas de un público presto a disfrutar del buen humor han inundado las plateas y balcones del teatro habanero Karl Marx.

Grandes y chicos disfrutaron de la agudeza y el ingenio de cuatro actores ya icónicos del humor cubano. Un espectáculo que no da espacio para un gesto de seriedad, y que probablemente vuelva a aparecer en las carteleras del teatro de los grandes acontecimientos.

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