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Alain Pérez: Estoy en deuda con la música espirituana

Tomado de Escambray. Por: Enrique Ojito

Capaz de dominar varios instrumentos, compositor, arreglista, cantante y productor, el trinitario Alain Pérez es uno de los músicos más sobresalientes de Cuba en el actual siglo

Como poseído por Elegguá, baja y levanta el bastón para abrirle el camino a su canto. Va de una esquina a la otra del escenario, volcán de ritmos que destilan cubanía por los cuatro costados. Dicen que siempre es así frente al público. Por mi madre que observándolo sentado en el sofá, como lo veo ahora en su casa habanera, cuesta imaginárselo de ese modo en sus actuaciones.

Cuesta creer, también, que luego de casi una jornada entera cruzándonos llamadas telefónicas para acomodar la entrevista en el día, solo me separaba una cuadra y media del multinstrumentista, compositor, arreglista, cantante y productor trinitario Alain Pérez, uno de los músicos más sobresalientes de Cuba en el actual siglo.

“Estábamos en deuda con usted”. Y me sobran motivos para la excusa: con apenas 40 años de vida, quien viviera su niñez en el caserío de Manaca Iznaga tiene historias junto a notabilísimos como Chucho Valdés e Irakere, Isaac Delgado, los Van Van, Celia Cruz y los españoles Paco de Lucía, Enrique Morente, Diego El Cigala… Imposible conversar de todos; el tiempo y el espacio, inclementes.

¿Por qué una vez le dijeron que usted tiene un “negro bien viejo” dentro del cuerpo que le sale al actuar?

Nací en Trinidad, pero viví mis primeros años en Manaca Iznaga. Esa zona tiene una energía especial para mí; quizás por aquello de que fue un asentamiento de esclavos, de centrales. A través de la música salen esa espiritualidad, el sentimiento del sonero, del trovador, de la rumba, del folclor, esas cosas más de barracón, más humildes, que conocí allí.

Con Manaca regreso a mis orígenes, al patio de mi casa, que me mostró la alegría del guateque. Mi abuelo Eduardo era uno de los parranderos más importantes de la zona; los poetas que venían bajaban de Limones Cantero, de Pitajones. Ahí estaba mi papá (Gradelio), que posee la esencia de la tradición, de la lírica natural.

Lo primero que aprendí a tocar fue el punto fijo; me lo enseñó el primo Rewar, quien me dejaba tocando con Ñongo, el tresero. Yo estaba cerca de esas voces guajiras, que suenan a tierra. Por eso, Manaca Iznaga es parte de mi música.

PRIMERAS NOTAS

Una parranda por el río Ay le dio un vuelco a la vida de Alain a sus nueve años de edad. Alebrestado como era el muchacho, soltó su voz, que le levantó el oído a un cienfueguero, técnico de sonido del grupo musical Cielito lindo, dirigido por Enrique Pérez.

—Ese chamaco tiene un swing del carajo. Enrique está buscando un cantante, le dijo el forastero al padre del niño. Pasada una semana, ya en la prueba en Cienfuegos…

—Este es el tipo, ¡es un sinsonte!, exclamó el director de la agrupación, quien desde ese mismo día le brindó cobija en su propia casa a Alain.

“Enrique también se convirtió en otro padre”, agradece hoy el artista. Después vinieron al hilo el Conservatorio de Música Manuel Saumell en la misma Perla del Sur; la Escuela Vocacional de Arte Olga Alonso, de Santa Clara, y la Escuela Nacional de Arte (ENA).

¿En qué circunstancias Chucho Valdés lo llamó para integrar Irakere?

Cuando yo estaba en el segundo año de la ENA, se organizó un curso internacional sobre música cubana allí, y en la inauguración toqué con mi banda (Alain y su síncopa). Chucho nos felicitó y nos preguntó si queríamos abrir el concierto de cierre del curso, donde tocarían Irakere y los Van Van.

Dos meses después, me ofreció cantar con su grupo y tocar los teclados. Me llamó a su casa para conversar y me probó otra vez. Yo apenas tenía 17 años. Chucho fue mi mentor; me lanzó a nivel nacional como músico. Estuve alrededor de un año con Irakere. Luego regresé a la escuela, porque él siguió probando cantantes, cambiando algo la imagen del grupo.

Pero lo volvió a llamar para el disco Bele bele en La Habana, nominado al Grammy americano.

Para esa fecha, yo tocaba el bajo con Isaac (Delgado), y mi nombre estaba en boca de músicos en la calle; unos me criticaban, otros no, hasta que llegó Chucho: “Ven para que grabes conmigo”. Una vez más le puso el sello a mi trabajo.

¿No resultó una actitud temeraria aceptar la propuesta de Isaac de tocar el baby bass sin dominarlo?

El bajo eléctrico sí lo tocaba bastante. Cuando me llamó Isaac, aún estudiaba en la ENA y le dije: el baby no lo toco. Pero me salió lo de manaquero, lo de guajiro cabeciduro y le aseguré: sí, lo voy a hacer; dame dos semanas. En la primera se me hicieron unas ampollas increíbles. Tocaba con una tremenda desafinación; luego se me fueron bajando y la cosa fue sonando mejor. Cuando estaba listo, lo llamé: oye, vamos a comenzar a ensayar.

ESPAÑA: LARGA TEMPORADA

Junto a Isaac Delgado, Alain viajó a España en 1998 y maduró el concepto musical. No solo se convirtió en su bajista; sino en  arreglista y productor de sus fonogramas como La primera noche (1998), grabado en ese país y donde aparece el éxito La sandunguita, de la autoría del espirituano y de su padre Gradelio.

¿Cuánto de realización musical o de necesidad económica hubo en su decisión de radicarse en España?

La misma discográfica que trabajaba con Isaac me ofreció un contrato. Yo no me quedé aquí porque tengo hambre, ni para comer jamón y tomar vino, le dije a la gente allá. Mi primer disco se llamó El desafío. La discográfica quería que fuera de música ligera, más comercial, y le manifesté que no, que iba a cantar música cubana.

¿En el flamenco llegaron a considerarlo un intruso?

Siempre van a hablar. Existió un momento en España en que mi carrera se detuvo, pero llegó el flamenco. Aquello fue amor a primera vista. Piraña (Javier Suárez) y el Niño Josele (uno de los guitarristas del flamenco más internacionales) fueron los primeros músicos que compartieron conmigo. Llegamos a grabar con Enrique Morente, uno de los más importantes cantaores. Después vino Paco (De Lucía); el maestro le puso la tapa al pomo.

Paco era un sabio. En el 2003 me invitó a grabar con él la rumba Casa Bernardo, del CD Cositas buenas. El día que empezamos a grabar la canción, él terminó dándome su guitarra. “Tócame frases, dame ideas”. Luego, él mismo me llamó para que formara parte de su banda, con la que estuve más de 10 años. Aquello significaba un cambio de horizonte, empezar a navegar otros mares, pero con la seguridad de ir con un personaje que se las sabía todas. Nunca pensé que tocaría con Paco de Lucía.

MÁS QUE AGRADECIMIENTO

Alain agradece a la llama su luz, pero no olvida tampoco el pie del candil que la sostiene, como leí en cierta ocasión. Por ello, más de una vez ha recordado el gesto de Paco de Lucía cuando al trinitario, al inicio, no le dieron la visa para entrar a Estados Unidos en su primera gira internacional con el genio español. Había transcurrido no mucho tiempo del atentado a las Torres Gemelas del 2001; Cuba estaba en la lista de los países terroristas.

—Si él no va, yo no toco, le respondió a los empresarios el maestro, quien cambió el orden del periplo: en lugar de comenzar por Estados Unidos, lo harían por Canadá, donde a la postre resolvieron el visado para el espirituano, residente en España por más de tres lustros.

De la península ibérica trajo en su bolsillo los discos Apetecible (2009) y Hablando con Juana (2015); coincidentemente, mientras grababa este, falleció Paco de Lucía. “Mis vivencias con él son irrepetibles; por eso, cuando murió decidí regresar a mi Cuba linda. ¡Vamos para allá con mi gente!”. Su pasaporte de entrada sería Hablando con Juana; la confirmación de su cubanía llegó más tarde con ADN (2017).

Usted expresó: “Entre todos debemos unirnos y dejar a un lado el ego, la avaricia, la arrogancia, porque la música es más grande y mejor que todos”. ¿Qué lo conduce a pensar así?

En dependencia de tu educación, de tus principios, procedes y te manifiestas. Sí he sentido la mala forma, la energía negativa de muchas personas; aunque siempre hay más gente bonita que mala. La música nos salva, la música es como una diosa. Lo que hay que hacer en función de esa bendición que uno recibe a través de ella es manifestarse positivamente, en familia, con unidad, humildad.

¿No ha pensado reverenciar la música espirituana, donde conviven clásicos como Teofilito, Companioni…?

Está la trova santiaguera, pero la espirituana también es tremenda. Se pudiera pensar en los músicos de la zona, en la forma de producir un disco en homenaje a ese repertorio. Estoy en deuda con la música espirituana, sin embargo, estoy a tiempo de pagarla.

El bastón que lo acompaña, ¿amuleto o símbolo?

Me lo regalaron hace como cinco años, porque siempre he comentado mi admiración por los grandes de otra época, en este caso por Benny Moré. Creo que tengo una comunicación con el Benny. El bastón es un poco un homenaje a él, pero también a la estética de la música cubana de una época. No puedo competir con el Benny; él se sentiría feliz de verme manteniendo vivo todo ese legado que nos dejó él, Cuní, Rolando Laserie, Celia Cruz…

ÚLTIMAS NOTAS

La algarabía, con tufillo a ron, de quienes salen ahora de la Casa de la Música de Miramar entra por la puerta del hogar de este artista, el primero en sustituir circunstancialmente a Juan Formell como bajista en los Van Van, allá por 1997.

Y vemos cómo este hombre orquesta disfruta volver al tiempo de mataperrear por el Valle de los Ingenios entre los cañaverales, a los días de su abuelo Eduardo, el único que lograba que el muchacho cerrara los ojos en la hamaca, no precisamente con una nana; sino con aquel son contagioso: Ponte el short, chiquita…

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