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La foto más famosa de Che o el karma de Che

Por: Guillermo Luna Castro, Presidente de la Cátedra Che Guevara

Hay personas que simplemente desaparecen sin dejar rastro, o dejan uno muy débil que muchas veces se sostiene a la fuerza, y hay otras que por obra de la casualidad, o su karma, quedan inmortalizados de algún modo, a pesar de lo mucho o poco que hayan hecho para merecerlo.

Al Che trataron de desaparecerlo –de hecho, físicamente lo lograron durante casi treinta años- y en tiempo record se convierte en una figura iconográfica de alcance mundial, haciéndose “viral” su imagen, cuarenta años antes de existir las redes sociales como Instagram, Facebook, Tumblr y otras tantas donde las fotografías de millones de personas circulan a diario, tienen oportunidad de socializarse de inmediato y algunas, alcanzar la fama, momentánea o no, en muy poco tiempo en dependencia de muchos factores, sobre todo los fortuitos, por supuesto.

Pero el caso de la famosísima foto de Alberto Korda es asombroso, sobre todo porque con él se cumple aquello de que no por mucho forzar las cosas se van a realizar o, por el contrario, cuando las cosas están para desarrollarse no hay manera de evitarlo, dependiendo todo de factores muy concretos que se expresen en un momento determinado.

Korda era un fotógrafo profesional y durante muchos años trabajó en el negocio de la propaganda y la publicidad, específicamente retratando modelos para diferentes marcas comerciales, haciendo trabajos políticos ya después de 1959; pero ni aún toda su experiencia –como en otros tantos casos- le hubiera garantizado el reconocimiento mundial.

Tiró la emblemática instantánea el 5 de marzo de 1960, en la despedida a las víctimas del acto terrorista de la doble explosión del día anterior en el barco La Coubre, que acabó con la vida de decenas de personas, por lo que Che, como era de suponer, reflejaba una pléyade de sentimientos encontrados, además de una expresión absolutamente singular de una fuerza extraordinaria por un segundo, tal y como lo ha explicado el propio autor de la fotografía.

Aunque se impactó con esa mirada estática e introspectiva de Che, no podía imaginar, cuando apretó el obturador, lo que esa foto generaría posteriormente, a tal punto que nunca publicó la imagen y sí otras tantas de ese acto y de otros que, más que todo, revelaban aconteceres cotidianos ya para el pueblo de Cuba.

Siete años después, y cuando todavía Che estaba vivo, -según tengo entendido, que estoy escribiendo afilando la memoria- el editor italiano Giangiacomo Feltrinelli, al cual ya mencioné en el escrito de Monica, la vengadora de Che, había estado en Cuba y solicitado fotos de su héroe a Korda, para publicarlas como propaganda en Europa a través de póster.

Cuando Che es asesinado meses después –ya  las fotos estaban circulando en diferentes soportes- la publicidad de las fotografías alcanzaron una nueva cota, que aumentó sobremanera cuando  los derechos para la publicación de su “Diario del Che en Bolivia” se le habían dado a la editorial de Feltrinelli –entre otras tantas-, por lo que inmediatamente las imágenes se regaron por Italia y otros lugares de Europa, pero de modo muy acentuado la foto en cuestión.

En Cuba, donde se hizo una urgente, masiva y gratuita edición, igualmente ya había sido presentada con el retrato de Korda, con determinada edición que destacaba solo a Che –como se conoció después- y muchas de las publicaciones realizadas en Europa y otras regiones, también tenían en su portada la imagen, pero eso no bastaba.

Sin embargo, creo que la circunstancia excepcional que puso a la foto en un sitial de honor fue su asunción como emblema e ícono de rebeldía, representante de la hidalguía y la lucha de los pueblos y, sobre todo, de los pobres de la tierra, por los sectores que desarrollaron las mayores protestas y huelgas, sobre todo los jóvenes, que fueron protagonistas de los movimientos políticos, culturales, antiguerreristas o de cualquier sustrato que se desarrollaron en Europa, Estados Unidos y América Latina a partir del año 68 –la llamada revolución o movimiento del 68.

El hecho de que esa foto, como la imagen de Jim Fitzpatrick, a dos colores, blanco y negro sobre todo, de ese mismo año 68, se transformara por obra de las circunstancias casuales en la más reproducida en millones de carteles, telas, fotos, etc., y la televisión y los propios medios de comunicación masiva de todo el mundo la replicaran permanentemente, creó las condiciones idóneas para que la fotografía se convirtiera en un símbolo, a partir del reconocimiento instantáneo de cientos de millones de personas en todo el mundo.

Mucha gente ni se daba cuenta de quién era en realidad Che Guevara y quizás nunca lo sabrían, pero sí tenían algo claro: esa imagen los representaba y con solo mostrarla, enviaban un mensaje de rebeldía, reclamo e inconformidad muchas veces contra los cánones del propio sistema capitalista, pues en ese caso era más importante la fuerza y contundencia de un hombre que parecía gritar el dolor de millones de seres humanos a través de su silenciosa mirada.

Revelaba la foto, por demás, -por lo común era conocido que Che era un guerrillero que había combatido en una isla frente a una dictadura y que después siguió luchando en diferentes lugares por el bien de la humanidad para cambiar sistemas opresivos para los pueblos- un hombre bello, sexy, tierno pero fuerte, con su barba rala y su pelo ensortijado, frente al corte de pelo tradicionalmente asumido por la burguesía, que ya expresaban los grupos hippies que comenzaban a proliferar hasta el punto de que tal parecía un nuevo Cristo redentor de las nuevas generaciones de inconformes con lo que estaba sucediendo en el mundo, sobre todo en occidente. Lo esencial era que Che gustó a todos los jóvenes que estaban en las calles de las principales capitales del mundo y lo hicieron suyo.

Nacida como símbolo en 1868, la fotografía ha sido clasificada por muchísimas editoriales, centros de investigación sociológica o artísticas en todo el mundo, como la fotografía más reproducida en la historia y considerada por los críticos de arte de los principales centros gestores del arte fotográfico en general en cuanto a influencia social, como una de las diez mejores fotografías de todos los tiempos.

Casi nadie puede sustraerse al impacto visual de esa imagen que ya forma parte de la historia de la fotografía mundial, pero que todavía, por el tiempo que quieran los indignados y revolucionarios de todos los rincones del mundo, seguirá siendo un ícono también de la lucha presente, pues si el karma de Che eligió el mejor momento para publicitarla, su historia y vida siguen siendo sustentos de lo por venir.

Otras imágenes, como las de Omayra Sánchez, representativa de la esperanza y el estoicismo frente a la inmoral observación de todos; la del premio Pulítzer Javier Bauluz, que retrata al inmigrante muerto frente a los turistas, a los que les importa un bledo lo que pasa a su alrededor;  una de las más globalizadas e impactantes imágenes de la guerra en Vietnam y el sufrimiento de sus niños,

y la muy perturbadora y ganadora también de un Pulítzer, y que provocó el suicidio posterior de su autor por lo que representaba, arte vs. Humanismo; todas , como otras tantas, son reveladoras de una realidad que tristemente las hace merecedoras del reconocimiento mundial por lo que expresan: el grito de la humanidad sufrida.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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