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Memorias personales sobre la noticia del deceso de Fidel

Por: Luis Ernesto Enebral Veloso. Profesor de Economía Política y Pensamiento Económico Cubano. Facultad de Ciencias Empresariales.

Hace un año recibí la noticia a través de mi hijo Frank Ernesto, quien es estudiante de la UCLV “Martha  Abreu” y desde la misma me llamó telefónicamente alrededor de la 1.30 a.m.; sus palabras denotaban duda acerca de la veracidad de la noticia, me preguntó: ¿papi se murió Fidel?, a lo que le respondí que nada sabía: Enseguida me pidió que pusiera Telesur y que lo llamará para que le precisara la veracidad del hecho; al abrirse la imagen del Televisor, mi vista se posó en el telepronter: A los 90 años de edad falleció Fidel Castro el líder histórico de la Revolución Cubana, unos minutos después apareció en pantalla Raúl Castro quien a su voz grave añadía el evidente dolor de la fatal noticia, no me quedaron más dudas: Fidel había muerto.

El sábado 26 de noviembre tenía clases con mis alumnos de tercer año del curso por encuentros de la Licenciatura en Contabilidad y Finanzas, a los que imparto la asignatura Pensamiento Económico Cubano y Economía Cubana. Desde varios días atrás pensaba en la casualidad de que parte del contenido de la clase coincidiría con el Día del Economista, pues una de las temáticas era precisamente el pensamiento económico del Che, quien 56 años antes había sido designado Presidente del Banco Nacional de Cuba, razón por la cual se decidió celebrar todos los 26 de noviembre el Día del Economista. Pensaba en utilizar esa información como parte de la motivación para el nuevo contenido. Lejos estaba de imaginar que otra casualidad le deparaba a mi clase: la coincidencia de la muerte de Fidel con el estudio de su pensamiento económico, la otra temática que sería objeto de estudio en el encuentro.

Qué difícil me resultó entonces aceptar que la noticia estaría en lo que comúnmente se llama  motivación inicial, pues el impacto de la noticia era desgarrador para todos. En medio del dolor creo que cumplí decorosamente acercándome a la esencia de una arista casi virgen del pensamiento de Fidel. Créanme que en la exposición de la temática olvidé que Fidel había muerto, mi discurso fue en presente, no podía ser de otra forma: en mi voz Fidel estaba presente en mi clase.

 

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