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Martí y la XVII Muestra Joven del Icaic: desmitificar sin agravios

Por: Enrique Ojito Linares. Tomado de: Escambray

El vilipendio a la figura de Héroe Nacional cubano en una película en proceso condujo a la presidencia del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (Icaic) a no autorizar su exhibición en el programa de la XVII Muestra Joven que culmina este domingo

En una escuela de tabla de palma y techo de guano, de paredes blanquísimas —quizás no tanto como el alma de Lolo, mi primer maestro— conocí a Martí. No diría tanto. Mejor, supe de ese hombre que nos miraba desde aquel retrato, con su frente profunda y rostro de preocupación. Y en aquella escuela de Bacuino también aprendí que la decencia no es como la camisa que usted hoy la pone a airear en el perchero y mañana la viste de nuevo.

Casi nunca quienes injurian disfrutan de la decencia. Ni hablar si se vilipendia al mismísimo Héroe Nacional de Cuba. Por ello, resulta comprensible, por juiciosa y ética, la decisión de la presidencia del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (Icaic) de no autorizar, en el programa de la XVII Muestra Joven que culmina este domingo, la exhibición del filme Quiero hacer una película (QHUP), de Yimit Ramírez, obra financiada mediante la plataforma europea Verkami, una de las más reconocidas en el ámbito del micromecenazgo.

En un acto de responsabilidad institucional y porque las especulaciones medrarían, la dirección del organismo emitió una declaración que sostiene que, luego de cerrada la selección de las obras para el evento, los coordinadores de la cita solicitaron al Icaic presentar este largometraje fuera de concurso como película en proceso.

La presidencia del ICAIC no borró de golpe y porrazo la propuesta cinematográfica, y ofreció la posibilidad de visionar la obra en una sala más reducida en cuanto a lunetas, y analizarla con su equipo de realización para confrontar los puntos de vista. “Sin esperar a este debate conjunto, el filme fue retirado de la Muestra por sus creadores”, alega el texto.

Ipso facto comenzó a rodarse la otra película predecible: la satanización del Icaic por la prensa de siempre (¿cuál si no?) y el reality show —lodo de blasfemias y pirotecnia verbal— en las redes sociales con protagonismo para el perfil de Facebook de la comunicadora Marta María Ramírez, administradora del muro de QHUP.

“No les cuento la peli —aduce Ramírez— y en este post, como siempre le pasa al pobre Apóstol y como le gusta a la censura, dejo este diálogo descontextualizado e inconcluso. (Pido esperen a verla para entenderlo en su contexto).

Esta es la escena de marras:

Tony Alonso Ramírez (TAR): José Martí es un mojón, Neysi. José Martí es un mojón, de verdad.

Neisy Alpízar (NA): ¿Verdad, papi?

TAR: José Martí es un mojón. José Martí no se reía, mi’ja.

NA: ¿Qué tú sabes?

TAR: José Martí es… era maricón.

NA: Está bien. Y, ¿por qué no?

TAR: Pero… no lo conocimos. Estuvo en otra época. Es como Borges. El poema ese. Todo está confundido y la gente dice que eso lo dijo Martí. “Hay que sembrar árboles”, eso lo dice mi tía… Yo no creo en Martí. Yo no soy martiano…”.

Admitamos que analizar una secuencia fuera del discurso narrativo cinematográfico completo se vuelve riesgoso y controversial. Admitamos que desde la pluralidad de perspectivas se construye el consenso real, no fabricado; incluso, admitamos que usted puede disentir del discurso político oficial. Aceptemos todo ello y más. Pero de ahí a ultrajar al Maestro en nombre de la sacrosanta libertad de creación es tratar de derramar estiércol sobre la dignidad de un hombre, de un símbolo.

A la hora cero y en el clímax del debate, el director de la película en proceso trató de justificar su enfoque al exponer que QHUP “no va de Martí, va de una historia de amor entre dos jóvenes aparentemente muy diferentes y aparentemente muy raros que superan sus diferencias y se aman”.

Gracias a su “redescubrimiento” del Apóstol, el realizador constató que este no era un “cielo”, un “globo”, un “santo”, y, en fin, decidió dejar la escena de la película porque “sentía que atacarlo (a Martí) era, dadas las circunstancias, el mejor cariño. La pedrada necesaria para bajarlo del pedestal y traerlo al barrio, a la gente, al amigo sincero. Y eso está pasando ahora mismo con todo este movimiento. Martí tiene que estar gozando”.

Poner a caminar al Maestro entre nosotros, dejar de declamar de carretilla sus frases como disco en un gramófono, o sea, desacralizarlo no debe comulgar con el irrespeto al patriota, a la mayoría de la sociedad, que lo acogió como a uno de sus mejores hijos.

Desmitificar a Martí no debe conducir al agravio. No solo las artes plásticas cubanas han asumido ese desafío ideoestético; el propio cine, también. Los desmemoriados podrían revisitar —si es que lo hicieron alguna vez— Páginas del diario de José Martí (1971), de José Massip, y Martí, el ojo del canario (2010), de Fernando Pérez. Por esos andares va el auténtico redescubrimiento del Héroe desde el arte.

Quienes le endilgan al Icaic el papel de villano en esta historia olvidan que esa institución ha sido la patrocinadora principal de la Muestra Joven, que si por algo se ha distinguido ha sido por la mirada problematizadora de buena parte de las creaciones audiovisuales, ancladas en zonas poco o nada abordadas de nuestra variopinta realidad.

Apelar al “espíritu inclusivo” del evento no debe erigirse en patente de corso para injuriar a Martí, quien —recuerdo— suscribió: “El más punible de los delitos es aquel que lastima, o trata de oscurecer, una fama o una pureza útil a la Patria”.

Para mí, se torna, cuando menos, sospechoso que uno de los integrantes del susodicho filme gritara a los cuatro vientos en Facebook que no fue precisamente el azar el que llevó al equipo de realización de QHUP a escoger la fecha del 10 de octubre, en este caso de 2016, para iniciar en Verkami la campaña de crowdfunding o de financiamiento colectivo de su proyecto, bajo el lema “Viva la Independencia!!!”.

Y al leerlo, se me dibujó de nuevo en la cabeza la imagen de mi maestro Lolo, de la humilde pared de tabla de palma de la escuelita de Bacuino desde donde nos miraba Martí con cara de preocupación porque a él la Patria sí le dolía.

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