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Entre el mito y la realidad, ¿qué queda?

Por: José Francisco Echemendía Gallego

No pocas veces he escuchado a diferentes personas referirse a la severidad, eficiencia, rigor y justeza del sistema judicial de los Estados Unidos de América; expresiones como “allá no puedes maltratar a un niño, ni a una mujer, porque vas preso”; o “si le das una patada a un perro te ponen una multa, o puedes ser sancionado”, y otras por el estilo; la mayoría de las veces estas expresiones vienen de la boca de cubanos que visitan ese país y no ocultan su admiración por él; y en la mayor parte de las ocasiones, de “voceros” gratuitos “que escucharon un relato de primera mano”.

Y uno se le queda mirando atónito, incrédulo, preguntándose dónde han estado estas personas en los últimos treinta años; no se enteraron nunca de la existencia de Universidad para Todos, no vieron alguna vez una Mesa Redonda, o no leen nada de lo que se publica en la prensa nacional.

Ahora, cuál es la realidad, qué pasa objetivamente en la sociedad norteamericana, en verdad están protegidos las mujeres y los infantes de esa nación; veamos algunas realidades en cifras y realizaciones concretas.

En un país inmensamente rico como los Estados Unidos, con una significativa diversidad en su entramado social, hay realidades que cuesta creer en pleno siglo XXI. Con respecto a las mujeres, habría que comenzar refiriendo que se mantiene la discriminación de género, sobre todo en el entorno laboral; aun cuando la creación de la Ley de Derechos Civiles de 1964 (Civil Rights Act of 1964) es muy sólida en ese sentido y cuando se han aprobado otras leyes como la Ley de Discriminación por Embarazo (1978), entre 2010 y 2015 se presentaron casi 31 000 cargos por esta causa ante la EEOC, según la Asociación Nacional para Mujeres y Familias; y solo en 2017, se pagaron 15 millones de dólares en acuerdos por cargos de discriminación en el embarazo presentados ante la EEOC.

Las mujeres de todas las clases sociales son propensas a sufrir discriminación por estar embarazadas. Sin embargo, aquellas con menores ingresos tienden a pagar un precio más alto. Apenas el 6% de las trabajadoras con salarios bajos logran acceder a una licencia de maternidad remunerada. Además, necesitan el dinero que puedan ganar durante el embarazo para poder tomar unas semanas o meses no pagados y así cuidar de sus bebés.

Pero también deben considerar su propio bienestar y el de la criatura que llevan dentro. Trabajar en condiciones -física y emocionalmente- estresantes puede aumentar la probabilidad de complicaciones en el embarazo, según March of Dimes (fundación sin ánimo de lucro fundada por Franklin D. Roosevelt en 1938).

A esta situación se suma la violencia física. En 1994 el Congreso norteamericano tuvo que hacerse eco de este tema y aprobar la histórica ley de Violencia Contra la Mujer, que pese a la posición crítica de los conservadores fue aprobada y reautorizada en 2013.

A pesar de la ley, las mujeres siguen sufriendo abusos físicos, emocionales y económicos. En el plano laboral siguen en desventaja ya que perciben 75 centavos sobre cada dólar que ganan los hombres. Estas desigualdades se reflejan en la indefensión de la mujer, la que la hace víctima, en muchos casos, de violencia física y sexual. Según estadísticas dadas por la Coalición Nacional contra la violencia doméstica (NCADV según su sigla en inglés) cada 9 segundos una mujer es golpeada; más de 38 millones de mujeres han experimentado violencia física alguna vez en sus vidas, siendo las jóvenes (de 18 a 25 años) y las afroamericanas las más afectadas (35% más que las blancas).

Pero las agresiones físicas tienen, además, un componente emocional. Según la Asociación Americana de Psicología casi cinco millones de mujeres en Estados Unidos sufren violencia física por parte de su pareja cada año, con más de 18 millones de visitas a las emergencias de salud mental, reportando síntomas de ansiedad, angustia y desordenes postraumáticos.

A todo esto hay que incorporar un lamentable epílogo: la muerte. Según datos obtenidos en el año 2015 más de 1 600 mujeres fueron asesinadas por hombres con los que tenían algún tipo de relación, mayoritariamente con arma de fuego, de acuerdo a un reporte del Centro de Política de Violencia (VPC, por su sigla en inglés)

Asombra, sí; pero cuando usted conoce que el presidente actual de los Estados Unidos de América, Donald Trump, cuestiona las denuncias de las ex esposas de Rob Porter, asesor de la Casa Blanca, por abuso sexual, y que condujeron a que este dimitiese, quizás no le queden dudas por qué el comportamiento social en este sentido.

Con respecto a los infantes, la situación no es menos dramática, puede decirse, sin temor a equivocarse, que lo es más. Cuesta trabajo asimilar que la nación que más blasona de cumplir y respetar los Derechos Humanos, sea la única en el mundo que no ha ratificado la Convención sobre los Derechos del Niño (CDN), de Naciones Unidas; documento redactado en 1989 para proteger los derechos de los niños mediante la acción gubernamental.

El trabajo infantil constituye una de las formas más evidentes del abuso a los menores, o de la violación de sus derechos en los Estados Unidos de América, sobre todo en el sector agroindustrial. De acuerdo con Human Rights Watch (HRW), los niños que trabajan en los campos agrícolas están desprotegidos frente al peligro que significa el uso de herramientas y maquinarias peligrosas, así como frente a muchos otros peligros que engendra el trabajo en las plantaciones, expuestos a pesticidas y otros tratamientos agrícolas químicos, que tienen consecuencias graves para la salud.

Estudios en la norteña nación dan cuenta que uno de cuatro menores de 18 años padece hambre, y que la tasa de pobreza se eleva a una media de un 20 %. Sin embargo, esta cifra varía en función del origen social y étnico: entre los niños afroamericanos, la pobreza afecta a un 43 % de los jóvenes. Cada año se reportan más de 3 millones de casos de maltrato a niños en Estados Unidos. Muchos han sufrido maltrato físico, de entre los cuales, cerca de un 10 % ha padecido abusos sexuales. Se estima que alrededor de mil niños mueren cada año a causa de violencia o de negligencia en Estados Unidos, la mayoría son menores de 4 años.

También son expresión de maltrato y abuso los castigos corporales a los que son sometidos en las escuelas, con más de 150 mil denuncias anualmente, entre las que se destacan –dolorosamente- las relacionadas con menores con discapacidad.

Más de 4 millones de niños en EE. UU., es decir, uno de cada diez, no posee seguro médico y otros miles no disfrutan de una cobertura social suficiente. Esto afecta a su derecho de acceso a servicios sanitarios de calidad. A los niños procedentes de minorías étnicas (afroamericanos o latinos) les afectan en mayor número: a casi una cuarta parte de estos niños no se les vacuna contra las enfermedades más comunes. En cuanto al derecho a la alimentación, se estima que cerca de 12 millones de familias en el país no logran alimentarse correctamente debido a la falta de medios económicos.

A inicio del año en curso, The Associated Press, revelaba en un artículo que el número de muertes por maltrato infantil crecía en Estados Unidos; con 1 700 fatalidades durante el año fiscal 2016, un incremento del 7 % respecto a los 1 589 decesos del período anterior.

Hoy resulta un reclamo urgente de la sociedad norteamericana, la necesidad de regulaciones más estrictas y rigurosas en la venta de armas de fuego; estudiantes de todas las regiones de Estados Unidos abandonaron sus aulas el 14 de marzo último y tomaron las calles para protestar contra la violencia con armas de fuego en las escuelas, al cumplirse un mes de la matanza de 17 personas en un colegio de Parkland, Florida; frente al Capitolio era posible ver los 7 000 pares de zapatos ordenados en el césped, en referencia a los 7 000 niños muertos por armas de fuego en los últimos cinco años.

La infografía que se muestra a continuación evidencia las razones, sin maquillaje.

Para no abusar de los lectores, no me extiendo más; pero todo lo referido anteriormente no tiene nada que ver con la realidad de Cuba. La mujer cubana es remunerada con el mismo salario que los hombres por realizar las mismas labores; tienen derecho a acceder a cualquier plaza en convocatoria, constituyen el 48 %  de  las personas que laboran en el sector estatal y en cargos de dirección; el 78,5 %  del personal de la salud, alrededor de la mitad de los investigadores científicos, y más del 66 % de la fuerza de mayor calificación técnica y profesional, son mujeres; todas tienen garantizada una maternidad segura y protegida.

En cuanto a los niños, alrededor del 99% (1 750 000) de los niños en edad escolar asisten a las escuelas donde reciben una educación gratuita y de calidad; los índices de menores trabajando son mínimos, tienen garantizada su alimentación, así como el derecho a la atención de salud, también gratuita; según la directora regional de Unicef para América Latina y el Caribe, María Cristina Perceval, Cuba es campeona a nivel mundial en la promoción y protección de derechos de la niñez.

No olvidemos nunca lo expuesto por nuestro Comandante en Jefe, Fidel Castro Ruz, en la comparecencia que cerró el ciclo de charlas sobre Educación y Revolución de la Universidad Popular, el 9 de abril de 1961: “nosotros no le decimos al pueblo: ¡cree! Le decimos: ¡lee! […] la Revolución le dice al pueblo: aprende a leer y a escribir, estudia, infórmate, medita, observa, piensa. ¿Por qué? Porque ese es el camino de la verdad: hacer que el pueblo razone, que el pueblo analice”.

Las siguientes imágenes hablan por sí solas

 

 

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