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Sancti Spíritus: Acaparo, luego revendo

Por: Enrique Ojito Linares. Escambray

Las más de 1 080 denuncias radicadas contra acaparadores y las 62 formuladas contra especuladores, revelan que este fenómeno echó raíces profundas en tierras espirituanas

A un policía curtido no hay acaparador que se le despinte.

—Ciudadano, ¿qué lleva usted en ese saco?

Y el ciudadano se queda petrificado; más bien se pone blanco como el saco blanco que carga sobre su espalda.

—Bue, bue, buenoooo, eh, vayaaa, intenta responder, en medio de una clásica jerigonza, este vecino de Los Arabos, Matanzas, quien prefiere que la tierra se lo trague ya en esta mañana de domingo.Oyendo el cuento, dentro del envase, 10 tubos de mortadella, acabados de comprar en la Feria Agropecuaria Delio Luna Echemendía, de Sancti Spíritus.

El acaparamiento de alimentos, refrescos, bebidas, insumos, productos para el hogar y destinados a la construcciónse ha tornado en un deporte practicado por muchos, si se suscriben los datos aportados por la jefatura de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR) en el territorio espirituano.

Por ahora, dos cifras arrojan pistas: esa institución reporta más de 1 080 denuncias radicadas desde el pasado año hasta inicios de abril contra acaparadores y 62 por especulación; estadísticas que, por una parte, revelan que no hablo de ejemplos esporádicos, y, por otra, que la PNR no se hace de la vista gorda ante dichas problemáticas.

Aunque cada denuncia podría ser una historia, a todas las une un mismo escenario: el mercado negro, y una misma realidad: la insuficiente oferta de productos muy demandados por el pueblo, coyuntura aprovechada por el binomio acaparador-especulador.

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Caricatura: Osval

Los hechos dicen —no solo este reportero— que al menos existen dos clases de acaparadores: los que acuden a los establecimientos de expendio, sobre todo de Comercio o puntos de venta o tiendas recaudadoras de divisa, y algunos trabajadores de esos propios centros.

En el primero de los casos son fáciles de detectar; usted los ve haciendo la cola en el mercado una y otra vez para adquirirqueso, galletas, huevos… De buena tinta, me han dicho que un triste y solitario huevo, compradoa 1.10 pesos en Sancti Spíritus, se llegó a cotizar hasta en 5.00 pesosla unidad en predios trinitarios, cuando el ciclón Irma nos dejó en ascuas.Vaya negocio redondo a costa del Estado y de las necesidades ajenas.

¿Quién niega rotundamente que el acaparamiento no ha sucedido al interior de la red de mercados Ideal, tiendas recaudadoras de divisa, puntos de venta de materiales de la construcción? ¿Quién niega que ciertos comerciantes han “reservado”mercancías para determinados clientes, quizás con dinero de por medio?

Para desmarcarme de las conjeturas, comparto el ejemplo. En Fomento en marzo pasado, la Policía de la localidad le incautó a un trabajador de Comercio más de 100 pomos de refresco gaseado, que revendía a sobreprecio.

La complicidad galantea con los acaparadores. A finales del 2017, los hallazgos —no arqueológicos— en una casa en Guayos sorprendieron a los agentes policiales: 912 latas de cerveza Bucanero, 240 de Cristal, 437 de malta, 333 de refresco, 43 cajas de cerveza de botella Cristal y un interminable punto suspensivo.

Frente a tales evidencias, la única salida es actuar, y así la impunidad no lloverá a cántaros, como ha ocurrido en las ferias dominicales, bocado apetecible para los acaparadores, procedentes no solo de la cabecera provincial; sino de otros municipios, incluso del más allá: Ciego de Ávila, Villa Clara y Matanzas, al punto de que algunos de estos ciudadanos alquilan hasta guaguas para garantizar el viaje.

En sus mochilas y sacos cabe de todo: embutido, carne, queso, vinagre, lamentable si se considera el interés de las autoridades locales, entidades y organismos por garantizar que las ferias constituyan una opción para aliviar el bolsillo de los espirituanos si de alimentación hablamos.

Como ni la Policía ni el Gobierno tienen los ojos vendados, han incrementado los operativos en las ferias dominicales y han cogido con las manos en la masa a ciertos acaparadores y dependientes cómplices. ¿Sanciones? Multas para unos; separación del puesto de trabajo para otros.

Sin embargo, el enfrentamiento aún se encuentra a mitad de camino, como lo ejemplificó la feria del 12 de mayo en la ciudad espirituana, donde los acaparadores repletaron sus jabas en el punto de venta de huevos y repartieron ofensas a diestra y siniestra al resto de las personas de la cola.

“El Gobierno solo no puede enfrentar este fenómeno; cada órgano de control tiene que asumir su función”, comenta Ricardo García Hernández, vicepresidente del Consejo de la Administración Provincial (CAP) que atiende Bienes y Consumo, instancia que orientó regular la venta de productos de alta demanda comercializados de forma liberada, tanto en las susodichas ferias como en los 12 mercados Ideal existentes en el territorio.

Consciente de lo que sucede puertas adentro y puertas afuera en esas unidades, en tiendas recaudadoras de divisa y otros puntos, el CAP promovió el análisis en estos colectivos laborales, algunos de cuyos empleados les han facilitado el “trabajo” a los acaparadores y especuladores y, en el peor de los casos, han adquirido para sí cantidades apreciables de mercancías con un fin presumible.

Ello es una verdad tan extensa como la Gran Muralla China, y tan evidente como la responsabilidad de las administraciones con el alza del acaparamiento debido a la ausencia de medidas eficaces.

Escambray no busca culpables; aunque sí sabemos de responsabilidades compartidas. Para chapear de un planazo el acaparamiento, desperdigado hoy como cundiamor en primavera, las direcciones de las entidades y sus aparatos administrativos correspondientes, así como los órganos de control e inspección, al parecer, deben poner con mayor frecuencia los pies en las unidades comerciales para el control sistemático.

Más que orientar, hace falta chequear para que el acaparador y el empleado compinche se sientan con el agua al cuello. Y no hablo únicamente de establecimientos que venden alimentos, sino, también, de otros que expenden artículos para el hogar, materiales de la construcción.

Como a usted le puede asistir la duda, me concederá el derecho a ilustrarlo. Si Sancti Spíritus no dispone de fábricas de cemento ni de producción de acero privadas, ¿de dónde salieron las 1 446 bolsas y 1 230 cabillas de 9 metros ocupadas por la PNRdesde el pasado año hasta inicios de abril?

En los casos detectados, la ley ha dicho la última palabra: acciones administrativas y penales; en fin, sanciones a los acaparadores y especuladores, quienes —provistos de una fértil imaginación— tiran a mano a los más inverosímiles argumentos a la hora de declarar: que si estos 20 paquetes de detergente son para echarle un baldeíto a la casa, que “a mi mujer le encantan los espaguetis y por eso compré 40 paquetes”, que “estas 300 hamburguesas son para mi familia, que es bastante grande. ¿Usted me cree, oficial?”.

Lo que sí cree la jefatura de la PNR en el territorio es que para mantener en ascuasal fenómeno de marras hay que salir detrás del buró y encararlo en la calle. De esa persistencia da fe Belkis Torres Santos, administradora del mercado Ideal Casiguaya, cuya apertura meses atrás le hizo la boca agua a los acaparadores: “Cien veces ha pasado la Policía hoy por ahí enfrente (se refiere a la Carretera Central). En estas semanas ha hecho registros en casas de por aquí, y ha actuado; eso ayuda mucho”.

4 de mayo. Sala de espera del Departamento de Admisión del Hospital Hermanos Ameijeiras, de La Habana, adonde acudo para un tratamiento de rutina. Desde la calle, una vendedora, con voz de mezzosoprano desafinada, me despabila el estómago y, sobre todo, me recuerda que la Redacción aguarda por este reportaje.

—Tengo malta, malta fría; refresco, refresco fríoooo.

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Caricatura: Osval

5 comentarios en “Sancti Spíritus: Acaparo, luego revendo

  1. Acaparamiento y reventa, desde décadas pasadas, son males endémicos de este país en tanto subsistan las precarias condiciones de ofertas de todo tipo de productos, sus necesidades perentorias apremiantes a quienes las padecen y la búsqueda, por una vía u otra, de su satisfacción. Las multas y medidas administrativas poco pueden ante este negativo fenómeno social; solo la oferta satisfecha puede poner punto final a este peliagudo asunto de los cubanos, pero….¡la solución dista lustros para ser resuelta! Cuando lo sea, yo me habré mudado de barrio: ¡de la acrópolis espirituana a su necrópolis!

  2. Es importante que trabajos así se publiquen; pero más importante seríaa que las autoridades tomen una posición frontal y resuelta no solo contra los que se dedican a esta práctica, sino contra los empleados de los mercaditos que ya tienen una plena complicidad con estos para obtener comision.
    Los trabajadores llevan las de perder en este pulseo, tienen la tarea del indio. Ni se diga de los domingos en la zona de ventas de comercio en la Feria Agropecuaria «Delio Luna», allí pululan con sacos y cubetas adquiriendo artículos o productos de alta demanda en la población. Ahora se aprobó una nueva legislacion de protección al consumidor, pero muchos consideran que eso no resuelve si no va acompañado de una gestión consciente y valiente de todas las partes.

  3. Me alegró mucho la salida del artículo, así como la necesidad imperiosa del mismo, aunque creo se tardó mucho en que alguien aboradara el tema. Creo se quedó corto en cuanto a culpables y soluciones. No creo que sea muy difícil saber y poner freno a los camiones que desde Villa Clara, Ciego de Ávila o Camagüey llegan cada día con personas cuya única misión es cargar con grandes cantidades de alimentos desde S. Spìritus y muchas veces con la ayuda de vendedores de la Feria, previo acuerdo. En el caso de La Casiguaya, centro que levantó grandes expectativas y emociones, ha caído lamentablemente en la tradicional enfermedad de la «..escobita nueva..»; los epítetos y comentarios sobre la institución debían ser preocupación constante de alguien para evitar a tiempo el colapso total del mercado. Pienso sobre todo que, más que detener a los acaparadores, debía buscarse a los que propician el delito o los que se hacen de la vista gorda ante el mismo. No hago más extenso el comentario pensando realmente que poco aportaré a la soluciòn del problema del cual todos hablan pero pocos enfrentan. Gracias

  4. Me alegra ver trabajos como este, más en días como los que corren en nuestra realidad. El accionar de las autoridades ya se hace más que necesario y no es admisible que permanezcan cual bella durmiente mientras que el pueblo trabajador sufre la mala fe de unos pocos (bueno tener en cuenta: plantilla de revendedores en crecimiento) que pretenden lucrarse con los alimentos más básicos de la familia cubana.

  5. Realmente comparto todo lo expresado en los comentarios publicados, creo que tardó mucho la aparición de un trabajo periodístico sobre este asunto, que es conocido por muchos, incluyendo autoridades de todo tipo y de todo nivel desde hace mucho tiempo, pero lamentablemente poco enfrentado con medidas más enérgicas que las que se comentan: MULTAS Y SEPARACION DEL PUESTO DE TRABAJO. Creo que con este tipo de lacra social hay que tomar medidas más severas, porque a mi juicio incurren en delitos que afectan en gran medida a los ciudadanos de «a pie», porque es muy conocido que el salario no alcanza para mucho, que poco a poco la poblacion cubana envejece y dentro de muy poco seremos más las personas dependientes de una jubilación que no podrá enfrentar estos males, digo: «precios» y desabastecimiento.
    Quiero decir que esas personas que se dedican a este tipo de actividad económica ilicita no tienen escrúpulos, y las autoridades competentes tienen que actuar con más rectitud. No obstante, la solución está en producir más y con mayor calidad, en capacitar a las personas para que presten un mayor y mejor servicio a la población, discriminar bien entre las personas que optan por determinadas plazas o puestos de trabajo (hay muchos que no tienen ni pizca de educación y su porte y aspecto deja mucho que desear), las administraciones no deben andar con paños tibios. Por último, pienso que la población tiene que hacer más denuncias, actuar enérgicamente y no confabularle con las personas «que están luchando». Creo que es tarea de todos enfrentar esta problemática que nos afecta a muchos porque los bolsillos en verdad «se sienten tristes» apenas pasan unos días después del día del cobro.

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