home Cultura, Cultura espirituana La prensa ya no tiene momento fijo

La prensa ya no tiene momento fijo

Molesto con lo que considera un incumplimiento del contrato por parte de Correos de Cuba, Gerardo Rodríguez ha amenazado al cartero hasta con renunciar a la suscripción. “Yo pago el mes completo por adelantado, pero el periódico me está llegando un día después. ¿Qué gracia tiene leer lo que pasó ayer? —se pregunta—. Y eso que yo vivo a unas cuadras del parque, ¿usted se imagina cuándo llegará el periódico a Gavilanes o a Sopimpa?”.

No me lo imagino, lo sé: desde que en 2013 la Empresa Correos de Cuba suspendió en todo el país la distribución aérea de la prensa para las comunidades intrincadas y de difícil acceso, en 54 de estas localidades que en Sancti Spíritus se beneficiaban con el llamado “bombardeo” los campesinos tuvieron que resignarse a comprar los periódicos, no con uno, sino hasta con varios días de retraso, en dependencia de las vías escogidas en cada lugar para mantener el servicio. En otras palabras: los guajiros de monte adentro llevan años leyendo noticias que ya no lo son.

No puede decirse que se hayan acostumbrado, porque a leer periódicos viejos nadie se acostumbra, pero no les quedó más remedio; justamente el camino que les espera a los lectores del resto de la provincia, con la diferencia de que la suspensión del “bombardeo” llegó para quedarse y esta demora generalizada debe ser coyuntural.

EN LA BARRIGA DEL POLIGRÁFICO

El cartero —en definitiva, quien le da la cara al cliente— es el último eslabón de una cadena de dilaciones que en este caso no comienza puertas adentro de la Empresa de Correos Sancti Spíritus, sino más de 300 kilómetros al oeste, en la barriga del Poligráfico Granma, donde ha comenzado a imprimirse toda la prensa de la región central del país.

Según informaciones a las que Cuba profunda tuvo acceso, el Poligráfico Abel Santamaría, de Santa Clara, donde se tiraban los periódicos de circulación nacional y los territoriales de Villa Clara, Cienfuegos, Sancti Spíritus y Ciego de Ávila, paró sus máquinas a principios de mayo pasado para comenzar un proceso de reconversión tecnológica que le permita mejorar ostensiblemente la calidad de la prensa impresa, auspiciado por un crédito concesional chino aprobado en 2016, de acuerdo con reportes de Trabajadores.

Ello implica, como es natural, un reacomodo de la producción de periódicos; de ahí que toda la prensa destinada al centro del país haya ido a sobrecargar la ya de por sí complicada situación operativa del poligráfico de la capital que, al decir de sus directivos y especialistas, debe lidiar con las numerosas roturas e inconvenientes lógicos cuando se dispone, como en ese caso, de una tecnología tan obsoleta.

Todo ello retrasa la entrega de periódicos a los territorios, aun cuando los ejemplares de la región central son los primeros que se imprimen en La Habana, una estrategia que vienen implementando para reducir al mínimo el impacto de la demora.

LO QUE LE TOCA A CORREOS

Tras concretarse la “mudanza” de poligráfico, a las 7:40 a.m. llegó la prensa a la provincia el día que más temprano lo hizo, según Darlys Álvarez Navarro, directora general de la Empresa de Correos Sancti Spíritus, quien lleva a punta de lápiz los horarios en que los camiones descargan y ponen la pelota en canchas de su entidad: 9 o 10 de la mañana, 4 de la tarde… hasta las 7:40 de la noche. ¿Cómo diseñar un esquema estable de distribución con esas fluctuaciones?, se pregunta Álvarez Navarro.

“La gente cree que si el periódico llega a la cabecera provincial, digamos, a las 2 de la tarde, a esa misma hora se puede comenzar a repartir, y eso desgraciadamente no es tan sencillo como parece —comenta—. Clasificar los periódicos, contarlos y distribuirlos por territorios según las pautas establecidas es un proceso que demora como promedio una hora y media. Solo entonces pueden salir los carros hacia los municipios, junto al resto de los servicios que ofrece Correos: correspondencia, bultos postales…, todo va en el mismo transporte y, por tanto, todo se atrasa”.

Para cubrir la provincia, la empresa ha establecido cinco rutas; sin embargo, actualmente solo disponen de tres vehículos, con lo cual se sobrecargan los itinerarios. “Este proceso comenzó sin que a Correos le entrara ninguna inyección de transporte”, agrega la directora.

De ello dan fe los choferes, que desde hace semanas no tienen momento fijo para salir rumbo a los municipios, mucho menos para regresar a sus casas. Por ejemplo: más de 370 kilómetros diarios maneja el encargado de la ruta más larga: Trinidad-La Sierpe-Tunas de Zaza, un recorrido que, como los otros dos restantes, no es expedito, sino que incluye como promedio más de 30 paradas intermedias para descargar.

“A las cabeceras municipales el periódico nunca ha llegado antes de las dos de la tarde”, sostiene Darlys Álvarez y ratifican los directores de Correos a esas instancias.

En Yaguajay, en el extremo norte, la prensa arribó una noche a las 9:40 p.m., un horario que solo alcanzó para contarla y cerrar la unidad. Al día siguiente comenzó entonces la odisea de distribuir las noticias viejas en un territorio que, como pocos, tiene una numerosa población en comunidades intrincadas y dispersas.

Por la cercanía a la cabecera provincial, Cabaiguán es el territorio menos afectado, aunque las poblaciones alejadas de la ciudad no reciben la prensa hasta el día siguiente o, en el peor de los casos —Potrerillo, El Saltadero…— tres veces a la semana. De más está añadir que las quejas llueven.

“Yo lo que no entiendo —increpa Francisco Hernández, un trinitario notablemente alterado— es por qué, si yo veo cuando bajan los bultos y todavía es de día, los carteros a esa hora no salen a repartir al menos por la ciudad. Que le cambien los horarios, que busquen la manera, qué culpa tengo yo como cliente de que después de las cinco de la tarde los carteros no quieran trabajar”.

Por más que comprenda la inconformidad de los lectores, Darlys Álvarez sostiene que no puede cambiar la jornada laboral de los 107 carteros en la plantilla de su empresa: “Este personal es el mismo que debe llevar a cabo el resto de los servicios postales universales, que son más de 10 y que incluyen pagos y cobros que solo pueden efectuarse mientras están abiertas nuestras unidades. Además, tampoco hay una seguridad del horario en que la prensa va a llegar. El cartero es un ser humano que no puede estar 24 horas en función de la actividad”.

Precisamente la incertidumbre es lo que más preocupa a los trabajadores de Correos, la incertidumbre que obliga a decidir sobre la marcha qué estrategia emprender en dependencia de que la prensa llegue a las 10 de la mañana o a las 6 de la tarde.

Esa especie de zozobra pudiera enfrentarse con estoicismo militante si fuera a durar un mes o dos, no un año entero, como prevé el cronograma de la inversión en el poligráfico de Santa Clara. Un año entero llamando al puesto de mando en La Habana para averiguar a qué hora salió el camión, cruzando los dedos para que no se rompa en la autopista, esperando la llegada de las pacas a cada territorio y, al otro día, enfrentando las quejas de la población.

Algunos carteros, sin solución alguna en sus mochilas y conscientes de que el humor es el mejor diluente para las situaciones más dramáticas, han comenzado a pregonar su mercancía con una frase ocurrente: “Este es el periódico de Pánfilo: el de hoy, viene mañana; hoy te traigo el periódico de ayer”.

Tomado de: https://cubaprofunda.wordpress.com

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *