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La E de excelencia

Tomado de Granma. Por: Juan Carlos Caparrós Alapón

Participar no constituye el simple hecho de opinar ni decidir sobre un asunto. Es algo más. Significa la interrelación entre sujetos en búsqueda de una solución común y beneficiosa. Y el proceso de aplicación del novedoso plan de estudios E, ya implementado oficialmente en múltiples carreras universitarias, debe, en definitiva, promover la participación como principal herramienta en el mejoramiento profesional.

Si antes, en el anterior plan (el D), instaurado en 2007, la figura del maestro era esencial, en el nuestro –y digo «nuestro» porque fuimos la generación que lo estrenó– importa más la comunicación en el proceso docente-educativo, que la figura del profesor per se.

El impartir clases a lo tradicional, usando los mismos métodos de hace diez años, hoy es obsoleto. Los jóvenes universitarios necesitan algo nuevo. Y la situación no requiere más que lograr, de una vez por todas, la transformación de nuestras salones de clases en verdaderos foros de análisis y debates colectivos.

Reducir las carreras universitarias a cuatro años no es un proceso gratuito. Sale de la necesidad imperiosa de formar un mayor número de profesionales. Además, se circunscribe al proceso de integración de las universidades del país, una idea que viene muy bien implementar dado el alto costo de mantener las superestructuras administrativas de los centros de educación superior.

Precisamente, de las bases fundamentales del nuevo plan de estudios, disponibles en el sitio oficial del Ministerio de Educación Superior, llama la atención la siguiente política: «lograr una integración adecuada entre las actividades académicas, laborales e investigativas».

Hoy hablamos de un estudiante autopreparado. Se supone que el educando supla algunas de las funciones del profesor. Tanto es así que de nuestro plan se eliminó por completo el estudio del idioma inglés. Ahora el estudiante autogestiona su saber de una lengua extranjera en la que debe alcanzar un nivel B2 Plus antes de concluir su carrera. O confía –por qué no– en la asesoría que dan las universidades al estilo de los cuatro semestres del viejo plan.

Si nos graduamos antes, eso quiere decir que tendremos menos cantidad de asignaturas, y por ende, menos horas clases impartidas. Las asignaturas irán todas enfocadas a acelerar nuestro proceso formativo. Por tanto, los currículos universitarios, sobre todo el optativo-electivo, disminuyeron, dando solo lo esencial en cada conferencia; y se acortó el tiempo que media entre una evaluación y otra. Ello convierte a nuestro sistema –o al menos lo intenta– en uno acorde con los nuevos modelos mundiales de educación superior.

Pero que tengamos una mejor planificación no quiere decir que automáticamente el nivel de calidad educativa aumente. Tampoco se traduce en una mayor participación y autonomía del estudiante. Todas estas cosas hay que ganarlas de conjunto.

Según sean los resultados de aquí a unos años, así será la valoración final sobre lo adecuado –o inadecuado– de evitarle un quinto año en la universidad al estudiante de nuevo ingreso. Ya en 2021 la totalidad de las carreras deben haber hecho la conversión en la modalidad de curso diurno.

Somos estudiantes destinados a crecernos más en menos tiempo. Lograr un «modelo de universidad moderna, humanista, universalizada, científica, tecnológica, innovadora, integrada a la sociedad y profundamente comprometida con la construcción de un socialismo próspero y sostenible», como dice el sitio web del Ministerio de Educación Superior cubano, es, en los momentos actuales, un poco difícil de lograr, pero posible.

Para cambiar un modelo de enseñanza son necesarios varios cursos académicos, y así insertar, a plenitud, todas las variaciones, reformas, modulaciones de contenidos… todo lo que en definitiva contribuirá al desarrollo del país.

En la Cuba actual necesitamos profesionales anfibios, o sea, capaces de adaptarse a las más disímiles condiciones laborales e idóneos para cualquier tarea de su especialidad. Necesitamos también personas comprometidas con la investigación científica y el desarrollo socioeconómico del país.

Necesitamos, en resumen, graduados de carne y hueso dispuestos a construir su futuro en el país. Pero eso no lo da, por sí sola, la instauración de un nuevo plan de estudios. Lo da la letra E….de experiencia, excelencia, entrenamiento, entereza… en la formación de un capital humano de calidad.

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