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Heras, el hombre que no se creyó más importante que su país

Tomado de Granma

Sin haberse anunciado aún en el programa de la Feria Internacional del Libro quiénes integrarían el panel responsable de encomiar la vida y obra de Eduardo Heras León, sabíamos de algunos rostros que por derecho propio no podrían faltar en estas horas de dicha, si es que cada uno de los días vividos por el agasajado –incluso los más difíciles– no hubieran sido ya, por el modo propio de asumirlos, de absoluta gloria.

Bien sabemos de las vicisitudes que atravesara el niño que limpiaba botas en la Esquina de Tejas, de las promesas acongojadas que hiciera a su padre, y de otras férreas situaciones que tocaron a su puerta cuando un libro como Los pasos en la hierba, fuera incomprendido por allá por los 70; sin embargo, para el Chino Heras cada una de las angustias fue, junto al dolor, una oportunidad de crecimiento, como quedó demostrado en las intervenciones de Francisco López Sacha (moderador del panel), Víctor Casaus, Silvio Rodríguez; Germán Piniella, Miguel Cabrera, Pedro Simón, Dazra Novak y Elaine Vilar, estas últimas, escritoras graduadas del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso.

Eduardo Heras ha demostrado que la literatura puede ser enseñada, expresó al presentarlo en un rápido esbozo López Sacha, para dar la palabra a Casaus, el escritor que lo acompaña más de cerca desde los años de Girón, suceso que ambos escribieron e incorporaron al catálogo de la literatura cubana. El autor de Girón en la memoria, prefirió compartir con el público textos del Chino y sobre él que actualizaron en el recuerdo lo que de él dijeron y escribieron otros.

«Los dos fuimos milicianos: Heras, artillero; yo, miembro de un batallón de combate. Desde entonces ya estábamos emparentados; después nos encontramos en la Universidad, a la que llegamos tarde», expresó Piniella refiriéndose a que matricularon en la carrera de Periodismo ya de adultos. «Hay muchos modos de soportar la adversidad, pero ser víctima no fue su camino. No se creyó más importante que el país», dijo Piniella.

Silvio prefirió releer las palabras de homenaje que escribiera cuando Heras mereció el Premio Nacional de Edición y recordó las veces en que lo fue a visitar a aquella fábrica, Vanguardia socialista, donde creció su estatura.

La Feria es este año una fiesta para los jóvenes porque está dedicada a su maestro, expresó Dazra Novak, y se refirió a Heras como «padre literario» y al Centro del que es egresada como «terreno amable». Si alguien ha podido constatar que su primera profesión es la de maestro somos nosotros, dijo, y como ofrecimiento le aseguró: «todos nuestros libros son tuyos».

Un hermoso texto en el que se establece un encuentro entre el abuelo de la autora y el Chino Heras fue el regalo de Elaine Vilar, quien dijo haber comprendido mejor a Cuba, después de haberlo leído.

«Balletómano artillero» sentenció alguien en el panel, y expresaron su opinión Cabrera y Simón sobre el Heras crítico de danza. «Si el estilo es el hombre, tú eres el estilo de esa hermosa obra literaria que has hecho para el ballet», comentó Cabrera; lo de Heras ha sido un regalo especial al ballet, un aporte a la cultura cubana, resumió Simón.

Heras, emocionado hasta el tuétano, dijo poco, o tal vez mucho: «Quisiera estirar los brazos y abrazarlos a todos, desde mi corazón».

Un comentario en «Heras, el hombre que no se creyó más importante que su país»

  1. Eduardo Heras, es un patriota, siempre puso los intereses de su país por encima, a pesar de incomprensiones. Yo lo admiro. Me recuerda mucho los tiempos en que todos los cuadros de la UCP asistíamos a ver y discutir el programa de Universidad para Todos con el primer curso que él impartió sobre Técnicas Narrativas. Me recuerda al Rector Jorge Luis Aneiros que nos hizo comprender la trascendencia que para la cultura del pueblo significaba Universidad para Todos. Felicidades para HERAS, ejemplo de cubanía.

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