home Noticias El Grito… ¿solo en Baire?

El Grito… ¿solo en Baire?

Tomado de Granma. Por: Delfín Xiqués Cutiño

Donan al Museo Provincial General de Sancti Spíritus la Orden de Alzamiento, enviada por Juan Gualberto Gómez al general Francisco Carrillo. Está fechada y firmada en Nueva York, el 29 de enero de 1895, por el Delegado del PRC, José Martí y varios generales, entre ellos Antonio Maceo

El 10 de enero de 1895 cuando José Martí se encontraba en Nueva York, recibe un urgente mensaje telegráfico: los tres barcos que fueron contratados y que se encontraban listos para partir, en el puerto de Fernandina, en la Florida, fueron confiscados y su carga retenida, por las autoridades portuarias.

Martí queda atónito. No lo puede creer. En sus manos sostiene el mensaje con la trágica noticia. Son casi tres años de arduo trabajo clandestino que se han empleado en recaudar los fondos, y en adquirir las armas y los pertrechos, en medio del acoso de los agentes federales y de los espías españoles.

Inmediatamente sale el Apóstol rumbo a Fernandina para comprobar in situ la tragedia. Pero nada puede hacer. El puerto está repleto de policías, agentes federales y de espías. No puede darse el lujo de ser detenido. Parte hacia la ciudad de Jacksonville donde se hospeda con un nombre falso en el hotel Travellers.

Allí, en su habitación, lo visita el general José María (Mayía) Rodríguez en compañía del joven abogado norteamericano Horacio Rubens, quien le dice que no todo estaba perdido. Ha interpuesto recursos contra la orden federal y confía en poder salvar las armas embargadas.

Pero nada parece calmar a Martí. Desde hace meses lo apremian desde la Isla. Allá la situación es insostenible. Y qué pensará Gómez. El dolor, la angustia y la vergüenza lo acompañan.

Todo parece indicar –aunque no se supo con certeza–, que el origen de la tragedia ocurrió por una serie de indiscreciones, de violaciones de la seguridad a la hora de transportar armamentos y a otros incidentes de carácter doloso, además de cobardía, que involucraban al coronel Fernando López de Queralta, quien tenía responsabilidades en los preparativos de la expedición.

Cuando se anuncia públicamente con lujo de detalles la aprehensión de los vapores expedicionarios y de la perdida de una parte del material bélico que debían llevar a Cuba, los inmigrantes cubanos conocen entonces que el principal responsable de reunir todo el dinero para comprar las armas, casi centavo a centavo y de mantenerlas ocultas. De organizar las tres expediciones en el más absoluto secreto era José Martí. El literato, el poeta, el orador, el soñador. Y por ello la fe en la victoria se mantuvo.

Mientras tanto, en Cuba, Juan Gualberto Gómez reconoce que después de Fernandina, no era posible demorar más la Revolución. En Costa Rica el Mayor General Antonio Maceo estaba impaciente por iniciar la lucha.

Martí regresa a Nueva York y se oculta en la casa de Gonzalo de Quesada. Allí, en el más riguroso sigilo se reúne el 29 de enero de 1895 con José María Rodríguez (Mayía), en representación del general Máximo Gómez; Enrique Collazo, a nombre de la Junta Revolucionaria de La Habana, y Gonzalo de Quesada, como secretario.

El Delegado propone y se acuerda redactar la Orden de Alzamiento dirigida a Juan Gualberto Gómez, así como otras para enviarlas a los jefes de Las Villas, Camaguey y Oriente. Con el propósito de llevar la guerra a toda la Isla, se especifica en el documento, que el alzamiento es simultáneo, es decir, en todas las regiones que lo puedan efectuar:

«I.—Se autoriza el alzamiento simultáneo, o con la mayor simultaneidad posible, de las regiones comprometidas, para la fecha en que la conjunción con la acción del exterior será ya fácil y favorable, que es durante la segunda quincena, no antes, del mes de febrero.»

Los reunidos firman los documentos y encargan a Juan Gualberto que se los haga llegara a los involucrados y que fije la fecha del levantamiento.

Juan Gualberto recibió los ejemplares de la Orden en los primeros días del mes de febrero de manos del taquero Juan de Dios Barrios, quien había viajado desde la Florida.

Para darle cumplimiento a lo que se indicaba en la Orden, de escoger una fecha para iniciar el levantamiento, se reunieron en la casa del representante de Martí, que tenía en su poder los históricos documentos.

Asistieron a la reunión Julio Sanguily, José María Aguirre, y los doctores Antonio López Coloma y Pedro Betancourt. Luego de un riguroso análisis decidieron que la fecha más conveniente sería la del domingo 24 de febrero.

Inmediatamente partió el doctor Pedro Betancourt para Remedios, donde le entregó al general Francisco Carrillo la Orden. Juan Tranquilino Latapier la llevó a Santiago de Cuba y a Manzanillo, entregándoselas a los generales Guillermo Moncada y Bartolomé Masó respectivamente.

A Salvador Cisneros Betancourt, en Camagüey, Juan Gualberto le avisó por otro conducto y con la clave que ellos utilizaban para comunicarse.

Cuando llegó el día señalado para el alzamiento, el general Carrillo no lo hizo. Alegó que tenía instrucciones de Gómez de no hacerlo hasta que él no llegara a Cuba. Y ese mismo día fue detenido en Remedios.Cisneros Betancourt, respondió que no tenía condiciones para hacerlo el día acordado, pero que lo apoyaría cuando se efectuase. Y a Pinar del Río la Orden no llegó a tiempo.

Aunque el alzamiento no se produjo de acuerdo con lo planificado, fue simultáneo. En cerca de 35 localidades de la isla los patriotas se levantaron en armas. El éxito solo se logró en la provincia oriental con los generales Guillermo Moncada y Bartolomé Masó.

Se nombra erróneamente este alzamiento como el Grito de Baire, pero realmente los que se levantaron en armas allí, no fueron los primeros en hacerlo, ni tampoco sus fuerzas fueron las primeras en combatir al ejército español, ni en derramar la sangre en la lucha.

Además, los principales jefes orientales no se encontraban en Baire, sino dispersos por otras localidades de esa provincia.

En La Habana, el mismo día del levantamiento fueron detenidos el Mayor General Julio Sanguily y el coronel José María Aguirre. En Ibarra, Matanzas, Juan Gualberto Gómez se alzó con un grupo de patriotas. La partida quedó disuelta y detenidos Juan Gualberto, el doctor Pedro Betancourt, Pedro Acevedo Villamil, y otros rebeldes.

LA ORDEN DE ALZAMIENTO DIRIGIDA AL GENERAL FRANCISCO CARRILLO

Como se conoce, Juan Gualberto al recibir la Orden de Alzamiento del Delegado José Martí, comisionó al doctor Pedro Betancourt para que se trasladara a Remedios y se la entregara al general Francisco Carrillo, como así sucedió.

Recientemente ese histórico documento fue donado al Museo Provincial General de Sancti Spíritus. El amarillento ejemplar conserva los restos de tres sellos de lacre. El logotipo del Partido Revolucionario Cubano, con el escudode la isla flanqueado por dos banderas cubanas en color azul, y dos renglones debajo se lee: New York, con espacio suficiente para fechar el documento.

La última página del manuscrito es la más interesante porque conserva elementos hasta ahora desconocidos. Aparece la firma del Delegado, y debajo un sello redondo de papel azul donde se puede ver el sello del Partido en seco, que se repite directamente en el documento.

A la derecha de la firma de Martí aparece la del secretario, Gonzalo de Quesada. Debajo del sello podemos leer claramente: En nombre del General Gómez, la firma del general José María Rodríguez (Mayía) y seguidamente la de Enrique Collazo.

Estos eran los dirigentes conocidos hasta ahora que habían firmado la Orden de Alzamiento, sin embargo, en el manuscrito donado al museo de Sancti Spíritus, aparecen las firmas de los generales Serafín Sánchez y Carlos Roloff. Y, sorprendentemente también la del general Antonio Maceo, quien para todos permanecía en Costa Rica.

Se supone que Martí envió a Gonzalo de Quesada a la Florida con la misión de localizar a los generales Serafín Sánchez, en Cayo Hueso y a Carlos Roloff en Tampa para que firmaran el documento. Ambos residían allí y habían trabajado de incógnito en el Plan de Fernandina.

En cuanto a la firma de General Antonio Maceo, es una incógnita que los historiadores tendrán que investigar.

José Martí reunió el dinero para comprar las armas casi centavo a centavo y organizó las tres expediciones en el más absoluto secreto. Foto: Archivo de Granma
Almacenes de Nathaniel Borden en Fernandina, donde Martí ocultó el cargamento de armas. Foto: Internet
Muelle del puerto de la isla de Amelia, de donde zarparían las embarcaciones Amadis, Lagonda y Baracoa, de acuerdo con el Plan de Fernandina. Foto: Archivo de Granma
Bay Streett, Jacksonville. Al fondo de esta calle se encontraba el hotel Travellers, donde se registró y alojó José Martí con un supuesto nombre. Foto: Archivo de Granma
Juan Gualberto Gómez, representante del Delegado, José Martí en la Isla, recibió en los primeros días de febrero, la Orden del levantamiento en armas. Foto: Archivo de Granma
El general Bartolomé Masó, dirigió el levantamiento en las zonas de Bayamo, Manzanillo, Cauto, Jiguaní y Baire. Foto:
General Guillermo Moncada dirigió el movimiento en las zonas de Guantánamo, Baracoa y Santiago de Cuba. Foto: Archivo de Granma
El doctor Pedro Betancourt se trasladó a Remedios donde le entregó al general Francisco Carrillo la Orden de Levantamiento. Foto: Archivo de Granma
Orden Alzamiento firmada por el Delegado, José Martí, en Nueva York, el 29 de enero de 1895. Foto: vanguardia.cu
La Orden está dirigida al General Francisco Carrillo, y en él a todos los grupos del Centro. Foto: vanguardia.cu
En esta ejemplar puede leerse «dan fe: el comandante Enrique Collazo, el general Carlos Roloff, el general Serafín Sánchez, el general Antonio Maceo y el general José M Rodríguez, que acuerdan comunicar las siguientes resoluciones a seguir». Foto: vanguardia.cu
Continuación del texto de las Resoluciones aprobadas. Foto: vanguardia.cu
Firmas y sellos de los que certificaron la Orden de Alzamiento. Foto: vanguardia.cu
Transcripción de la Orden Oficial del Partido Revolucionario Cubano. Foto: vanguardia.cu

Fuentes:

Vanguardia: La Orden de Alzamiento de José Martí al general Francico Carrillo, por Narciso Fernández Ramos, 28 de nov. 2018.

Martí, El Apóstol, por Jorge Mañach.

Cuba, la forja de una nación, II y III, por Rolando Rodríguez.

Por Cuba Libre, Juan Gualberto Gómez.

Diccionario de Enciclopédico de Historia Militar de Cuba I y III.

La guerra de Martí, por Hortensia Pichardo en Patria, Revista histórico-cultural del periódico Granma, enero-febrero 1995.

Un comentario en «El Grito… ¿solo en Baire?»

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *