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El Código de Trabajo y las celebraciones cristianas

Por: Arturo Manuel Arias Sánchez

Repasemos la historia.

Cuando el monje rumano-búlgaro Dionisio, el Exiguo (¿qué le negaría la madre natura al pobre y culto fraile para que sus contemporáneos le endilgaran tal mote: su baja estatura o la ridiculez de su apéndice vermiforme o del fálico?) bajo bula papal, fechó, para honra y errores[1] suyos, el nacimiento (o natividad) de Cristo el día 25 de diciembre del año 754 de la fundación de Roma (hasta entonces, los romanos contaban los años a partir de la fundación de la Ciudad Eterna), dicho año pasó a ser el Año 1 del Señor (Anno Domini), datación refrendada por el Papa Gregorio XIII en 1582 (a propósito, gracias a este Papa, el calendario dio un salto de diez días en el mes de octubre del propio año y es hoy el que signa los nuestros).

Encima, la fecha de Navidad que es celebrada el 25 de diciembre, tampoco corresponde con la fecha que puso Dionisio. Entre el siglo XVI y el siglo XVIII la mayor parte de Europa pasó del calendario juliano al gregoriano, adelantando aquellos diez días para corregir el error en el cálculo de los años bisiestos.

En España (nuestra metrópoli colonial) el calendario saltó desde el 4 al 15 de octubre en 1582. Sin embargo, el día de Navidad siguió celebrándose el 25 de diciembre, incluso en el nuevo calendario, en vez de saltar para compensar por el cambio en el número de días de un calendario a otro.

La Semana Santa, por su parte, se instituyó en conmemoración del triduo sagrado: crucifixión, sepultura y resurrección de Cristo Jesús, destinada a recordar la pasión de Cristo, a partir de su ingreso a Jerusalén.

Por tradición hebrea, el cordero a ser sacrificado durante la festividad de la Pascua[2] judía, era seleccionado cuatro días antes de que se hiciera el sacrificio. Jesús entró en Jerusalén cuatro días antes de que fuera crucificado. Tradicionalmente, el cordero se mataba a las 3 p.m. en la Pascua. Jesús pronunció las palabras Consumatum est[3] y murió en la cruz a las 3 p.m. (esto es tradicionalmente conocido como Viernes Santo, pero muchos eruditos de la Biblia han determinado que la crucifixión tuvo lugar un miércoles o jueves).

Siglos después, en las carabelas colombinas arriban a nuestro archipiélago estas celebraciones cristianas, practicadas por conquistadores y aborígenes, en sus inicios, luego, por insulares y criollos, blancos y negros, libres y esclavos, obreros y burgueses, a lo largo de la historia colonial, mediatizada y republicana cubanas.

Poco después del triunfo revolucionario de enero de 1959 y hasta bien entrada la década de los noventa del pasado siglo, si bien dichas celebraciones no fueron prohibidas en este período, no gozaron de tutela legal y, consecuentemente, los tradicionales días feriados que acompañaban tales festividades perdieron su reconocimiento en la legislación laboral de entonces; es con las visitas papales de los Sumos Pontífices de la Iglesia Católica, Juan Pablo II, en enero de 1998 y Benedicto XVI, en marzo de 2012, que recobran su presencia en el Código de Trabajo.

Ahora echemos un vistazo retrospectivo a los llamados “días feriados”.

La historia de los llamados días feriados se remonta a los siglos XII y XIII, con el auge del comercio continental europeo. Las ferias ofrecían a los comerciantes la coyuntura de vender y comprar numerosos bienes suntuarios, sometidos a la oferta y la demanda de entonces.

Además de asistir a las ferias los propios productores y comerciantes, cada vez más acudían a ellas los artesanos agremiados y sus operarios, quienes se ganaron el derecho a participar en la susodicha actividad mercantil: de aquí la denominación de días feriados.

Decantado de estos atavismos, nuestro Código de Trabajo, en su artículo 94, concede a los empleados, bajo la denominación de días de conmemoración nacional o de feriados, un total de nueve (cuatro de conmemoración nacional: Primero de Enero, Primero de Mayo, 26 de Julio y 10 de Octubre; y cinco de feriados: dos de enero, veinticinco y veintisiete de julio, veinticinco y treinta y uno de diciembre), todos ellos de receso laboral, amén del Viernes Santo de cada año, como día adicional de descanso retribuido.

Así dice su letra:

Tratamiento laboral en los días de conmemoración nacional, oficial y feriados

Artículo 94.- (…).

Se declaran como feriados los días (…); veinticinco (…) de diciembre de cada año. (…).

Artículo 95.- En los días de conmemoración nacional y feriados, recesan las actividades laborales con excepción de (…).

 Días de receso adicional retribuido

Artículo 100.- El receso laboral con pago del salario, se establece por disposición legal dictada excepcionalmente por (…) o por el Ministro de Trabajo y Seguridad Social en cumplimiento de la decisión gubernamental; (…).

Se declara como día de receso laboral el viernes santo de cada año.

 (…). 

Entonces, ¿qué tienen en común ambas celebraciones y qué diferencia el 25 de diciembre, Día de Navidad (el Código de Trabajo omite esta calificación)  del Viernes Santo, en su tratamiento laboral y salarial?

 Además de su origen cristiano, redivivo en esta legislación, ambas fechas se asemejan en cuanto a que las actividades laborales recesan tanto en una como en la otra, salvo en situaciones puntualmente pautadas en la ley, y devienen en tiempos de servicios prestados (excepción hecha del 25 de diciembre que pudiera recaer en un domingo, como, obviamente, nunca ocurriría con un Viernes Santo).

 Las diferencias se acusan sutilmente pero con trascendencia en uno y otro día, y es precisamente el Código de Trabajo, el encargado de marcar la distinción entre ellos.

Son dos: una, en relación con la cuantía del pago del salario del día y, otra, en cuanto a su habilitación como día laborable.

 Bien vale la pena, entonces, reproducir los artículos interesados en el asunto.

 Pago en los días de conmemoración nacional, oficial y feriados

Artículo 111.- En los días de conmemoración nacional y feriados, el salario se abona de la forma siguiente:

  1. a) a los trabajadores cuyas actividades recesan ese día y están sujetos a la forma de pago a rendimiento, se les abona el salario promedio, salvo cuando dichos días coincidan con los de su descanso semanal o con aquellos en que disfrutan de vacaciones anuales pagadas, licencia no retribuida o subsidio de seguridad social;
  2. b) a los trabajadores cuyas actividades recesan ese día y están sujetos a la forma de pago a tiempo se les abona su salario diario, salvo cuando dichos días coincidan con su descanso semanal o con aquellos en que disfrutan de vacaciones anuales pagadas, licencia no retribuida o subsidio de seguridad social;
  3. c) a los trabajadores que por la índole de su trabajo están exceptuados de recesar o que tienen que concurrir al trabajo porque se les ha habilitado como laborable ese día, se les abona el pago doble del salario que les corresponde devengar por la producción realizada o el tiempo real trabajado, incluyendo los pagos adicionales a que tengan derecho. El empleador y el trabajador de común acuerdo, cuando el trabajador así lo solicita pueden sustituir el pago doble por el trabajo realizado en ese día, por el pago sencillo y la concesión de un día de descanso con el pago del salario; y
  4. d) los trabajadores que por la índole de su trabajo están exceptuados de recesar en esos días o porque habiéndoseles habilitado esos días como laborables por alguna de las causas que determinan la realización de trabajo extraordinario, tienen que concurrir al trabajo y no lo hacen, no tienen derecho a cobrar salario alguno por ese día.

 

Se colige, por tanto, de la lectura anterior que el trabajador que recesa ese día en sus labores, cobrará el salario que le corresponde de acuerdo con su forma de pago: si es por rendimiento, cobrará el salario promedio; y si es a tiempo, se la abonará su salario diario básico.

También se infiere que, si concurre a trabajar, entonces se le pagará el doble del salario que le correspondería devengar por la producción realizada o el tiempo real trabajado.

 Ahora bien, nada dice sobre el pago del Viernes Santo, cuya respuesta se halla en el artículo 100, más arriba citado, y es como sigue: los que tengan que trabajar ese día, percibirán el salario, sin incremento alguno, en correspondencia con sus formas de pago, en tanto que los que recesan, solo cobrarán su salario básico, en disposición legal dictada por el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social a estos efectos.

 En cuanto a la habilitación de estos días, vale decir, el día 25 de diciembre y el Viernes Santo, como laborables, reproduzco el siguiente precepto, también tomado del Código de Trabajo:

 Artículo 96.- Determinados días de conmemoración nacional y feriados pueden ser habilitados como laborables, en los casos de interés social o de fuerza mayor, previo acuerdo del empleador y la organización sindical correspondiente.

 Entonces, como el denominado Viernes Santo no califica como día de conmemoración nacional ni feriado, no procede en su fecha ser habilitado como laborable, como aquellos otros sí lo pueden ser.

 Muchos trabajadores cubanos consideran todavía insuficiente el descanso logrado a lo largo del año, a pesar de los días de conmemoración nacional, feriados, el Viernes Santo, los 52 domingos, días inhábiles del año, y los 30 días naturales de vacaciones anuales pagadas, y, con la aquiescencia administrativa y la complacencia sindical en su consecución, se apropian de otros a los que denominan festivos, tales como cumpleaños y días de conmemoración oficial (en estos no recesan las actividades laborales) y los tornan en días de plácido asueto personal; otros sueñan con nuevas visitas papales que promuevan actos de gracia entre las autoridades de gobierno y con ellos extender la celebración del Viernes Santo a lo largo de toda esa semana, rebautizándola como “santa”: ¡tanto es el fervor espiritual de estos trabajadores!

El Sumo Pontífice Francisco, de ascendencia argentina y número 266 en la línea sucesoria pontificia desde Pedro, visitó Cuba entre los días 19 y 22 de septiembre del año  2015 y otra vez, el 12 de febrero de 2016, en breve escala de su periplo mundial, pero el anhelado milagro no ocurrió en ninguna de sus estadías; sus devotos no cejan en sus ruegos y confían en su próxima manifestación.

¡Amén!

Notas y referencias:

[1] Tuvo dos errores: definió un calendario que saltaba directamente desde un año antes de Cristo a un año después de Cristo y omitió cuatro años de gobierno del emperador Augusto, para fechar en cinco años antes el nacimiento de Jesús: 5 a. C.

[2] Significa en hebreo “paso” o “salvación”, término alegórico a la crucifixión redentora de Jesús.

[3] Del latín: consumado es.

Un comentario en «El Código de Trabajo y las celebraciones cristianas»

  1. Como siempre Ud. profesor de prefesores, que opotuna sus reflexiones, pues son muchas las personas las que confunden estos términos y aunque se parecen no son iguales. Gracias

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