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¿Tesis por encargo? Las golondrinas que no hacen primavera

Por: José F. González Curiel
Con todo el derecho que le asiste a la prensa a escribir sobre las partes de un fenómeno social, pensando en alumbrar y alertar, le asiste el deber de no quedarse en ellas para no dar una imagen parcial del proceso. Con el trabajo “Tesis por encargo?”, publicado en “Escambray”, una vez más la criatura es lanzada por el tragante junto al agua sucia.
Puede que algún caso sea manifestación concreta de las abstracciones referidas por la periodista sobre el copismo de tesis y su compra-venta, pero muchos argumentos certificados por instituciones competentes hacen de la visión que se brinda sobre la gestión de la ciencia en nuetras casas de altos estudios una circunstancia supersticiosa de un solo ojo.
Como regla general, el marco teórico de los trabajos del pregrado no da oportunidades aportadoras de nuevos conocimientos en todas las tesis que se escriben anualmente. Cada autor toma los antecedentes de la ciencia que ya son públicos y los asume, referenciando las fuentes y, en no pocos casos, rehaciendo conceptos o juicios. No es plagio tomar los conocimientos anteriores en cada rama del saber como base conceptual para nuevas propuestas.
No es práctica frecuente que se dejen de exigir aportes concretos en las propuestas específicas de cada estudiante del pregrado o en cada tesis de posgrado, aunque como es natural, no todos llegan al mismo nivel de calidad e independencia, según sus habilidades y el nivel de los estudios.
Sería totalmente imposible pedir con rigor que cada juicio sea nuevo. Así funciona la ciencia, igual que todo fenómeno social, con una mezcla de lo histórico y lo lógico; de sus antecedentes a su estado actual. Los tutores están para eso, para orientar, aportar, censurar, corregir y ayudar.
Cada institución cuenta con una estrategia de gestión de la ciencia y la innovación tecnológica, que va mucho más allá del Comité de Control Interno y de las inspecciones de los cuadros administrativos. Desde el trabajo científico estudiantil en los primeros años del pregrado, las investigaciones parciales en cada asignatura, la enseñanza de la metodología de la investigación, la participación en eventos, los trabajos de curso y los trabajos de diploma, son espacios de preparación para que el proceso se haga bien, amén de que en algunos casos coyunturales los niveles de ayuda tengan que ser más profundos, pero ello no presupone el fraude cuando se actúa adecuadamente.
Por suerte, Google acaba de sacar a la luz pública una aplicación que detecta niveles de coincidencia en trabajos publicados, pero ningún mecanismo sustituye el criterio de expertos en los temas defendidos que, con mucha profesionalidad y una ética intachable, han denegado informes científicos, han realizado señalamientos oportunos en las predefensas, incluso han desaprobado ejercicios por no cumplir con las normas de rigor para las defensas.
La presunta “investigación periodística”, limitada por la abstracción más absoluta y la opinión fragmentada de muy pocas autoridades de las universidades espirituanas, se refiere a carreras que no existen en nuestras instituciones, argumentos que no encontrará entonces en nuestro terriorio, aunque no solo de oro está conformado el suelo que pisamos, pero la mayoría de nuestros docentes exigen con alta profesionalidad, y con una muy elevada moral, el cumplimiento de las exigencias y los objetivos para cada nivel, porque no solo de dinero vive el hombre y menos en momentos de alto estímulo por el incremento salarial en el sector. Los valores compartidos en nuestra institución valen más que miles de planes de controles y que unos pocos billetes.
Si algún caso o más de uno, ha caído tan bajo como para cobrar dos veces por lo que está en el contenido de su contrato con la institución, lleva denuncia. Tan mal obra el que cobra como el que paga, el que conoce el caso y se queda en abstracciones nebulosas, que no pasa de ser un siervo acrítico del mal camino. Hubiera sido bueno hablar en concreto, aunque no sea desde la prensa misma, pero también desde ella, ¿por qué no?
Alertas todos con esta sacudida, que es probable en algún lugar concreto y que lleva otras muchas formas de solución; pero alertas todos con las interpretaciones que, desde todas partes y con diversas intenciones, se harán de una abstracta descripción parcial a la que le falta equilibrio y argumento, porque la verdad es cualidad en sistema. Alertas con la reacción de los que con mucha moral y rigor hacen muy bien las cosas en nuestras universidades y también en otras que tienen en su seno las carreras mencionadas. Alertas todos con lo que pueda pasar en un momento en que el país pasa por no pocas dificultades para sostener la formación de profesionales de calidad para el territorio y se sigue con la mirada en la excelencia. Alertas todos con lo que pasará a la hora en que la Junta Nacional de Acreditación dicte los resultados del proceso de evaluación institucional en la UNISS, que a todas luces serán muy favorables y contradicen el espíritu de la publicación de “Escambray”. Alertas todos con la reacción de nuestros profesionales que en muchas partes del mundo son fuerza laboral imprescindible, dada la falta de profesionales de calidad en tierras lejanas, incluso los que están por cualquier vía en países desarrollados.
“¿Tesis por encargo?”, de Dayami Sotolongo, no dice mentiras, pero tampoco dice toda la verdad, ni buena parte de ella. Consuela a quienes han tenido que pasar por la penosa realidad que describe, pero yerra como enfoque inoportuno, abstracto y parcial de argumentos limitados, que muchas sensibilidades tocará y que tendrá, en muchos casos, más de una revancha por derecho propio.

No se cumple esta vez la sentencia de que el que consuela nunca yerra.

Nota: Si desea leer la publicación de Escambray, haga click aquí: ¿Tesis por encargo?

Un comentario en «¿Tesis por encargo? Las golondrinas que no hacen primavera»

  1. Sobre el artículo del Escambray Tesis por encargo?

    Les escribe Zaida González Fernández, Decana de la Facultad de Ciencias Pedagógicas de la Universidad de Sancti Spíritus José Martí Pérez.
    Es cierto que no hay que tenerle miedo a los temas que abordan problemáticas sociales, porque es imperdonable que alguien pretenda obtener un título sin haber logrado las habilidades y los conocimientos necesarios para enfrentar los nuevos temas de trabajo, como dice una de las comentaristas; pero lo que es triste y feo es que se publique de manera tan inobjetiva, poco profunda y carente de argumentos. Quien les escribe es Doctora en Ciencias Pedagógicas hace 11 años e integra tribunales (de pregrado y posgrado) en la UNISS y de las Ciencias Pedagógicas y de la Educación en la Región Central del país, es tutora, oponente, etc. y me duele en lo más profundo que alguien dude de la profesionalidad de este proceso en la UNISS, aún cuando estemos insatisfechos por resultados obtenidos en algún momento de nuestra práctica profesional, pues las tesis de pregrado se aprueban con notas de tres, cuatro y cinco puntos; mientras que las de maestría y doctorado por mayoría de votos, no se puede generalizar de ese modo. Nuestros profesores tutores del pregrado trabajan años con sus estudiantes, pues las investigaciones derivadas de problemas educativos (asociados a proyectos de investigación) se inician como trabajos referativos en primer año, continúan como trabajos extracurriculares en segundo y tercero, en cuarto como trabajos de curso y en quinto se defienden como trabajos de diploma, por lo que las tesis en las Ciencias Pedagógicas se van construyendo, en un proceso investigativo que dura años y va creciendo y perfeccionándose en la medida que el estudiante va adquiriendo saberes y va desarrollando habilidades investigativas. En el posgrado, es más duro el proceso, pues el maestrante o doctorante, tiene que vencer habilidades investigativas al nivel académico y científico que aspira, además, antes de presentarse ante un tribunal para su defensa final, tiene que publicar artículos derivados de su tesis en construcción, entre otras interioridades del proceso investigativo en las universidades cubanas, que con toda razón, me atrevo a afirmar, son desconocidas por la periodista. Finalmente, expresar que nuestros actos de defensas de tesis, tanto de pregrado como de posgrado, son actos de ciencia que nunca se olvidan por los estudiantes y familiares que asisten por su alto nivel académico y científico. Nuestros programas de pregrado y posgrado, en su mayoría están certificados por la Junta de Acreditación Nacional, con categorías superiores de acreditación y ese asunto (las tesis) fueron evaluadas por los expertos, con muy buenos resultados.
    Este comentario lo envié al periódico Escambray.

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