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Rafael Trejo, las luchas estudiantiles y el 30 de septiembre de 1930

Los meses que antecedieron a septiembre de 1930 fueron de intensa actividad. El estudiantado se organizaba. El fenómeno de aglutinación del estudiantado, como el proletariado y la pequeña burguesía racial, se acentuaba cada vez más.

Desarrollaron una intensa actividad revolucionaria, efectuaron reuniones clandestinas y redactaron manifiestos, proclamas y arengas. El estudiantado exigía la rehabilitación de los estudiantes expulsados por sus actividades revolucionarias, y la inmediata renuncia de Machado.

El 29 de septiembre, en el local del DEU (Directorio Estudiantil Universitario), convocaron a una manifestación en el parque Alfaro para el día 30 de septiembre de 1930 y de ahí marchar al Palacio Presidencial. Felo Trejo, en tono de chanza, había propuesto que lo que más hacía falta era una víctima.

En la mañana del 30 de septiembre de 1930 Felo Trejo se vistió con el traje más deteriorado que tenía y eligió su peor sombrero de pajilla, que había pintado de aluminio en señal de protesta ―su apoyo a la huelga de los sombrereros―; de un almanaque grande que colgaba en la pared arrancó la hoja correspondiente a ese día y la colocó en el sombrero plateado.

Para impedir la movilización, el Gobierno preparó un gran despliegue de policías y batallones del ejército, emplazó ametralladoras en distintos sitios estratégicos de la ciudad, reforzó la guarnición del Castillo de la Fuerza y los escuadrones del Tercio Táctico fueron acuartelados en el Campamento de Columbia. A pesar de esto, estudiantes y pueblo se concentraron en el lugar convenido.

La policía inició un movimiento envolvente; al mismo tiempo Felo Trejo y Enio Pepelín Leyva Fuentes, subieron a la azotea del edificio Ravelo, desde donde descargaron sobre la policía una granizada de piedras.[4]

Su muerte

Muerte de Rafael Trejo (fotografía posiblemente tomada de una película cubana).

La manifestación bajó la escalinata y los policías de Machado cargaron violentamente contra todos. En la esquina de San Lázaro e Infanta se produjo una confusión terrible. Pablo de la Torriente Brau, que utilizaba contra los policías como única arma sus puños, cayó gravemente herido en la cabeza. Al ir a auxiliarlo, Marinello fue detenido. Mientras esto sucedía, Rafael Trejo, en Jovellar e Infanta, en corajudo arranque se enredó cuerpo a cuerpo con un policía. Díaz Baldoquín acudió en su ayuda tratando de arrebatarle el arma al verdugo. Sonó una descarga y Felo se derrumbó chorreando de sangre sobre el pavimento regado de casquillos y manifiestos.[5]

Fue trasladado al Hospital Emergencias. Más tarde relataría Pablo de la Torriente Brau ―quien también había sido internado por una herida de bala en el cráneo― de su encuentro con Rafael Trejo dentro del hospital:

Yo no podré olvidar jamás la sonrisa con que me saludó Rafael Trejo cuando lo subieron a la Sala de Urgencia del Hospital Municipal, sólo unos minutos después que a mí, y lo colocaron a mi lado. Yo estaba vomitando sangre y casi desvanecido de debilidad. Pero su sonrisa, con todo, me produjo una extraña sensación indefinible. […]Era algo como si me volviera la cólera de la pelea a pesar de la sangre perdida, era que yo ya sabía que Trejo, con sus 20 años poderosos, se moría. Ya Trejo estaba siendo curado en la mesa de al lado a la mía. Entre vahído y vahído, yo había podido oír estas palabras, que percibí extrañamente como si estuviera dentro de un aparato de radio que sonara a lo lejos, con una poco de estática. El médico decía: «Este se salva… si no hay fractura… Las heridas de la cabeza son muy aparatosas… Se pierde mucha sangre… Pero a aquel pobre muchacho no lo salva ni Dios… Tiene una hemorragia interna…». Por eso su sonrisa era para mí como un adiós que yo recibía en condiciones de angustia invencible. […]

Después, a Rafael Trejo se lo llevaron de aquel rincón para hacerle la arriesgada operación para salvarlo. A mí me pasaron para la cama en donde él había estado, y en la mía pusieron a Isidro Figueroa. El hospital se fue llenando de gente, tan numerosa que hacía «huhú…» como el mar. Teté Casuso pudo pasar a verme, empujada por el pueblo a la brava, y pronto yo me sentí mejor. Las mujeres, viejas y muchachas, llenaron las salas, y se hacían abrumadoras como abejas, a fuerza de preguntas. Trejo se fue muriendo. Yo lo descubría por el silencio, al que de pronto se le ponía, como un rubí brillante, la palabra «¡Asesinos!», que algún compañero, con cólera incontenida, hacía estallar.

Rafael Trejo fue sometido a una riesgosa operación. Falleció a las 9:50 p. m. del 30 de septiembre de 1930, a los 20 años. Se convirtió así en «la víctima necesaria», como él mismo había bromeado.

Yo no había podido dormir hasta entonces, ni una hora siquiera, lo que me tenía intranquilo, nervioso y sumamente débil. Me dieron no sé qué cosa y me dormí. A la mañana siguiente había en el Hospital el silencio de las casas abandonadas. Yo solo oía a Figueroa pasar las páginas de un periódico. Tuve el presentimiento seguro de la muerte del compañero, y cuando vino Teté Casuso, sin dejarla pensar le dije: «¿Por qué no me dijiste que se había muerto?». Entonces ella me contestó: «Sí, murió, ¡pobrecito!». Y se le aguaron los ojos, a pesar de que no quería impresionarme.

Rafael Trejo fue enterrado al día siguiente, 2 de octubre de 1930, a las 5 de la tarde, acompañado de una multitud de estudiantes y pueblo que coreaban consignas antimachadistas.

Entierro de Trejo

Como todos los que se enrolaban en esta batalla con una ideología revolucionaria y vacío el pecho de ambiciones, Trejo no salió aquella mañana a jugarse la vida, como se la jugó, para el encumbramiento. Sabía que, como sabemos nosotros, en el reloj de la Historia había sonado con campanadas solemnes la hora de los oprimidos, cuyas necesidades y aspiraciones fueron desoídas y estranguladas por el régimen social basado en la explotación del hombre por el hombre. Aunque Trejo no militara formalmente en la izquierda, es obvio que por sus sentimientos generosos, su honradez insobornable y su fe apasionada en un mundo más justo y bello, estaba más cerca de nosotros que la derecha ávida de mando y de riqueza.

Datos biográficos de Rafael Trejo

Rafael Trejo nació en la villa de San Antonio de los Baños, en la actual provincia de Artemisa. Su madre, Adela González Díaz, ejercía como maestra rural. Su padre, tabaquero devenido doctor en Derecho, se desempeñaba como funcionario municipal en el ayuntamiento de la localidad.

En 1919 la familia se mudó para la capitalina barriada de La Víbora. Felo, como lo llamaban sus progenitores, pasaba largos ratos en su recámara estudiando.

Era un buen lector, conversador de aguda sensibilidad, inteligente, comprensivo, trataba de interpretar el quehacer nacional muy movido a la sazón, pues se producían frecuentes los Consejos de Disciplina con expulsión de los estudiantes de la Universidad, privados de continuar sus estudios.

Era optimista, saludable, fuerte, corajudo pero delicado, abrigaba fe en el porvenir. Trejo poseía una personalidad resplandeciente y atractiva. Por su pureza y ternura parecía un niño grande feliz y curioso, al que ninguna pena mayor había ensombrecido. Gustaba de la música culta pero también de la popular callejera, de los bailes y de las lides del amor. Todo un deportista, se destacaba como remero. Jugaba muy bien el ajedrez.

Eera alto, de espalda ancha, extremidades largas y cuerpo flexible; su presencia se hacía notar en su semblante expresivo y muy trigueño, cabello y bigote negrísimos, ojos grandes y profundos, y un andar sereno y majestuoso, de hombre seguro de sí mismo. Le gustaba invitar a sus amigos y amigas a pasar la tarde en la casa, tocaban el piano, bailaban, cantaban y ponían la radio a todo volumen.[1]

El día de 1927 que matriculó la carrera de Derecho en la Universidad de La Habana, conoció a Raúl Roa, quien solía recordarlo como «un mozalbete de pelo lustroso, tez trigueña, bigote mongol, torso amplio y ágil musculatura».

Desde ese mismo día nació entre ellos una gran amistad. Felo entonces le confesó: Voy a matricularme en Derecho público y en Derecho Civil. Creo que he cogido la carrera más acorde con mi vocación y temperamento. Desde hace muchas noches sueño con el estrado; pero no creas que mi aspiración es hacerme rico a expensas del prójimo. Mi ideal es poder defender algún día a los pobres y los perseguidos. Mi toga estará siempre al servicio de la justicia. También aspiro a ser útil a Cuba. Estoy dispuesto a sacrificarlo todo por verla como quiso Martí.

El curso había comenzado ese mes porque la intensa agitación estudiantil contra la Prórroga de Poderes con los subsecuentes consejos disciplinarios, habían alargado el anterior hasta el mes de octubre.

Trayectoria revolucionaria

Recién ingresado Trejo en la Universidad de La Habana, el 9 de noviembre de 1927, se llevaría a cabo en el edificio de la Escuela de Química, un consejo disciplinario contra 50 estudiantes, acusados de tumbar los carteles de propaganda que había puesto la tiranía en las obras de construcción de la escalinata.

La muchachada enardecida por las arengas forzó las puertas del edificio con un madero e impidió que se consumara el consejo. Entre los organizadores estaba Rafael Trejo. Trece estudiantes ―incluyendo a Trejo― fueron expulsados provisionalmente esa misma tarde por resolución rectoral y más de 600 quedaron sujetos a consejos disciplinarios.[3]

En la Universidad se vincula a los hechos que llevaba a cabo el estudiantado en contra de la tiranía de Machado, por el reconocimiento de la autonomía universitaria y llevar a cabo el plan de reformas y depuración del profesorado propuesto por Julio Antonio Mella. En 1930 arrecia la lucha contra el tirano.

Ya en 1930, Trejo junto a otros estudiantes hace desaparecer la tarja de la Escuela de Derecho que glorificaba al régimen. En las elecciones universitarias de ese año Trejo salió electo vicepresidente de la Asociación de Estudiantes de la Escuela de Derecho. Desde aquí trata de canalizar las aspiraciones de la masa estudiantil y clandestinamente conspira contra el tirano.

Fuentes

De la Torriente, Loló (1981): «La casa de Trejo», artículo publicado el 2 de octubre de 1981 en la revista Bohemia, volumen 40. Loló de la Torriente (1907-1985) fue una periodista, ensayista y crítica de arte cubana.

Soto Valdés, Juan (1976): «Mi ideal es poder defender algún día a los pobres y a los perseguidos», artículo publicado el 1 de octubre de 1976 en el diario Granma (La Habana).

«Bandera de generaciones», artículo publicado el 1 de octubre de 1974 en el diario Juventud Rebelde (La Habana).

Jiménez Georgina (1973): «Pepitín Layva y el 30 de septiembre de 1930», artículo publicado el 1 de octubre de 1973 en el diario Granma (La Habana).

Joaquín Ortega, Víctor (2017): «Un remero llamado Trejo», artículo publicado el 23 de octubre de 2017 en el sitio web JIT (Cuba).

De la Torriente Brau, Pablo: «La última sonrisa de Rafael Trejo», en su Pluma en ristre. La Habana: Dirección de Cultura, Ministerio de Educación, 1949. Citado en Lagarde, Guillermo (1973): «Rafael Trejo, símbolo de una generación combativa», artículo publicado el martes 23 de julio de 1973 en el diario Juventud Rebelde (La Habana).
Durante los sucesos mencionados por Pablo de la Torriente Brau, Teresa Teté Casuso Morín (de 18 años), era la esposa de De la Torriente. Se habían casado pocos meses antes, el 19 de julio de 1930.

Teté Casuso ―Lorenza Teresa Inocencia Casuso y Morín― (Madruga, 10 de agosto de 1912 – Miami, 28 de julio de 1994) fue una destacada intelectual cubana, luchadora por la democracia y la libertad de Cuba antes de la Revolución. Participó activamente en las luchas estudiantiles contra la dictadura de Gerardo Machado y durante su exilio en México ayudó en la preparación de la expedición del yate Granma. Tras el triunfo de la Revolución cubana (enero de 1959), se autonombró embajadora de Cuba en México. De vuelta en la isla, el propio comandante en jefe Fidel Castro la nombró su secretaria de prensa, y a finales de ese año embajadora de Cuba ante las Naciones Unidas, cargo al que renunció el 13 de octubre de 1960. Se convirtió en crítica de la Revolución desde Miami, y al año siguiente (1961) publicó el libro Cuba y Castro, que tuvo gran repercusión internacional y fue publicado en todos los países bajo la égida de Estados Unidos, con ediciones en tres idiomas.

«Historia del municipio Diez de Octubre», artículo publicado en el sitio web provincial de los Joven Club de La Habana.

García, Pedro Antonio (2010): «Rafael Trejo: entrando en la Historia», artículo publicado el 7 de septiembre de 2010 en la revista Bohemia.

Salgado Martínez, Sailyn: «Rafael Trejo vive en la memoria de su pueblo», artículo publicado desde La Habana el 29 de septiembre de 2010 en el sitio web Voltairenet.org

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