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Bandera, himno, escudo, Constitución y nueva Ley de Símbolos Nacionales de la República de Cuba

Por Arturo Manuel Arias Sánchez. Profesor de Derecho de la Fac. de Humanidades

 Fraguas patrias

 ¡Qué lejos estaba de imaginar el trinitario Isidoro Armenteros Muñoz cuando su puño asía en alto, en su arrojo del 24 de julio de 1851, la bandera del triángulo rojo, con una estrella solitaria encerrada, escoltada por franjas azules y blancas, que, tremolando con el viento montuno, devendría en símbolo nacional de los cubanos, refrendada en los campos de Guáimaro casi veinte años después de su hombradía!

 Con una pierna cruzada sobre el lomo de Pajarito, su caballo, y la otra enfundada en el estribo, el 20 de octubre de 1868, Perucho Figueredo escribía en una hoja de papel la letra de la marsellesa cubana cuya melodía, de su propia inspiración, entonaban los victoriosos bayameses: tomaba cuerpo y alma, como símbolo de cubanía, el Himno de Bayamo, cuya estructura musical y poética, de acentuado patrón rítmico de marcha, urge a los cubanos a tomar las armas por la independencia de la nación.

Alejado de su diseño original anexionista, la ideación del escudo nacional, otro de nuestros símbolos patrios, pertenece por entero al patriota matancero Miguel Teurbe Tolón y de la Guardia (1820-1857); eliminadas las aspiraciones norteñas de su relieve, la adarga ojival se divide en tres cuerpos: en su parte superior muestra una llave que semeja un puente entre dos tierras y un sol radiante que les alumbra; la inferior derecha, enclaustra cinco franjas de color azul y blanco, tonos de expedita alusión a la bandera nacional (concebida por el propio Teurbe Tolón) y en su parte inferior izquierda, una palma real cuyo erguido estípite crece entre cerros.

Antecedentes constitucionales

Los convocados a la Asamblea de Guáimaro reconocieron, el 11 de abril de 1869, como bandera y escudo oficiales de la República de Cuba en Armas, a la de la Estrella Solitaria y al diseñado por el matancero Miguel Teurbe Tolón, respectivamente; fue en la Carta Magna burguesa y progresista de 1940, donde la tríada de símbolos nacionales se contempla por primera vez en la letra de un texto constitucional cubano.

Revisemos su escritura en las Leyes Fundamentales de 1940 y 1976.

Constitución de la República de Cuba 5 de julio de 1940

Artículo 5. La Bandera de la República es la de Narciso López, que se izó en la fortaleza del Morro de La Habana el día veinte de mayo de mil novecientos dos, al transmitirse los poderes públicos al pueblo de Cuba. El Escudo Nacional es el que como tal está establecido por la ley. La República no reconocerá ni consagrará con carácter nacional otra bandera, himno o escudo que aquellos a que este artículo se refiere.

(…).

El Himno Nacional es el de Bayamo, compuesto por Pedro Figueredo, y será el único que se ejecute en todas las dependencias de Gobierno, cuarteles y actos oficiales.

(…).

Constitución de la República de Cuba 24 de febrero de 1976

Artículo 2. Los símbolos nacionales son los que han presidido por más de cien años las luchas cubanas por la independencia, por los derechos del pueblo y por el progreso social:

la bandera de la estrella solitaria;

el himno de Bayamo;

el escudo de la palma real.

Se yergue una diferencia sustancial entre uno y otro artículo: en el primero, amén del hálito anexionista presente en el claroscuro personaje de Narciso López, la denominada transmisión de los poderes públicos al pueblo, es falacia desnudada con el intervencionismo norteamericano y la supuesta independencia nacional conquistada bajo la égida de los símbolos nacionales; en el segundo, la manifiesta perseverancia del pueblo cubano por más de cien años en sus luchas por la plena independencia nacional, los derechos del pueblo y el progreso social, alentados por sus símbolos nacionales.

La Ley Número 42, de fecha 27 de diciembre de 1983, Ley de los Símbolos Nacionales, hoy derogada, fue el complemento legal del pronunciamiento constitucional de 1976, jalón histórico de aquel momento, ahora superado en razón del uso de los símbolos nacionales que hacen e interesan a los cubanos y, por ende, lograr con la nueva norma, su debido respeto, una mayor flexibilidad en cuanto al uso de los mismos y su frecuente presencia en la sociedad.

Constitución de la República de Cuba 10 de abril de 2019

Artículo 2. (…).

Los símbolos nacionales son la bandera de la estrella solitaria, el Himno de Bayamo y el escudo de la palma real.

La ley define las características que los identifican, su uso y conservación.

He aquí una breve reseña histórica, cuya decantación de formas y contenidos a lo largo de más de una centuria de gestas patrias, revitaliza nuestros símbolos nacionales, consagrados una vez más en la vigente Constitución de la República de Cuba de 10 de abril de 2019 y exaltados en su nueva Ley Número 128 de 13 de julio de 2019, Ley de los Símbolos Nacionales de la República de Cuba, publicada el 19 de septiembre del propio año en la Gaceta Oficial cuya entrada en vigor, según su Disposición Final Cuarta, se producirá ciento ochenta días después de su publicación.

La estructura orgánica de la Ley Número 128 cuenta con 82 artículos distribuidos en seis Títulos, amén de cinco Disposiciones Especiales, una Disposición Transitoria, cuatro Disposiciones Finales y dos Anexos, el primero un Glosario de Términos Utilizados, el segundo, Indicaciones para regular el Diseño de la Bandera y el Escudo Nacionales, la partitura del Himno Nacional y la Bandera de Carlos Manuel de Céspedes Bandera Nacional.

Los Títulos de la Ley de Símbolos Nacionales se denominan:

Título I Disposiciones Preliminares

Título II La Bandera de la Estrella Solitaria

Título III El Himno de Bayamo

Título IV El Escudo de la Palma Real

Título V De la Responsabilidad del Estado y las familias

Título VI Sobre la utilización de los Símbolos Nacionales en las instituciones educacionales y otros usos.

En la medida de la conveniencia me atengo al orden descrito para hacer algunos apuntes reflexivos sobre la Ley de los Símbolos Nacionales de la República de Cuba.

Honores a los Símbolos Nacionales

La vigente Ley de Símbolos Nacionales consagra la bandera, el himno y el escudo como símbolos nacionales. Así lo proclama en su artículo 2:

Los símbolos nacionales son: la bandera de la estrella solitaria, el Himno de Bayamo y el escudo de la palma real.

Sobre estas premisas fundamentales, en plena concordancia con el enunciado constitucional prescrito en el artículo 90 (…).Son deberes de los ciudadanos cubanos, además de los otros establecidos en esta Constitución y las leyes:

(…);

  1. c) respetar y proteger los símbolos patrios;

(…).

Y más adelante la propia Constitución en el artículo 3 refrenda que todos los cubanos tienen la obligación de respetar, cuidar y rendir honores a los símbolos nacionales. (…).

Así pues, la Ley 128 de 2019 en sus Títulos II La Bandera de la Estrella Solitaria (en sus artículos 5 a 48 se describen sus características y reglas para su confección, las reglas para su uso y conservación y honores a rendir a la bandera nacional), III El Himno de Bayamo (los artículos 49 a 58 disponen las características, usos y honores a prestar al himno nacional) y IV El Escudo de la Palma Real (los artículos 59 a 69 reglan sus características y usos del sello de la república donde se estampa el escudo nacional), tornada en haz uniformador de reverencias debidas a los símbolos nacionales, orienta el civismo de los cubanos en la cotidianidad de la nación.

Responsabilidades estatales y familiares para con los Símbolos Nacionales

Se destina el Título V de la Ley de los Símbolos Nacionales, denominado De la Responsabilidad del Estado y las Familias (artículos 70 a 73) a tales propósitos.

Gracias a la brevedad de sus preceptos, explícitos por sí mismos, los reproduzco con cercana textualidad a su letra.

Artículo 70. Las entidades del Estado están obligadas a desarrollar acciones dirigidas a fomentar en la sociedad el conocimiento de los símbolos nacionales, de las principales regulaciones para su uso y una conducta de respeto a estos.

Artículo 71. Todos los organismos responsabilizados con la formación integral de las nuevas generaciones, están obligados a incorporar a sus planes de estudio la educación en el conocimiento y respeto a los símbolos nacionales, a partir del acatamiento a lo dispuesto en esta Ley. (…).

A manera de acotación puntual, la Ley 128 (Título VI Sobre la utilización de los Símbolos Nacionales en las instituciones educacionales y otros usos: artículos 74 a 82) enfatiza en las responsabilidades de las instituciones educacionales del país en este vital aspecto de la formación cívica de los ciudadanos. Los reproduzco a seguidas.

Artículo 74. Es responsabilidad de los educadores que los estudiantes conozcan lo establecido en cuanto al respeto y veneración a los símbolos nacionales, los honren, como uno de sus deberes esenciales, conscientes que cuando los reverencien rinden el homenaje más elevado a los héroes y mártires de la patria y a los que, de cualquier modo, han servido y defendido la nación.

(…).

Artículo 76. En las instituciones educacionales se rinden honores a los símbolos nacionales, conforme a lo establecido en esta Ley.

Retomando el hilo conductor del acápite sobre la responsabilidad social para con los símbolos nacionales, tomo de la letra legal lo que sigue.

Artículo 72. Los medios de comunicación social, en cualquiera de sus manifestaciones y soportes, en correspondencia con sus características, están obligados a crear y desarrollar estrategias de comunicación que, a partir de lo establecido en esta Ley, permitan difundir con sistematicidad su contenido y promover el debido respeto y veneración a los símbolos nacionales.

Artículo 73. La familia, célula fundamental de la sociedad, debe velar y fomentar entre sus integrantes valores cívicos a partir del conocimiento, respeto consciente y veneración de los símbolos nacionales.

En fin, a modo de colofón, la tríada Estado-Escuela-Familia deviene en brújula del cubano en su ruta cívica, jalonada, convenientemente, de reverencias a sus históricos símbolos nacionales, pero si una u otra coordenada de orientación se desvanece, como suele ocurrir, equivocará el rumbo del ciudadano haciéndolo surcar aguas de xenofilia.

La bandera de Carlos Manuel de Céspedes

Particular relieve logra la Bandera de Carlos Manuel de Céspedes en el nuevo texto legal sobre los símbolos patrios.

La bandera de Carlos Manuel de Céspedes, de innegable inspiración chilena bajo el aliento de los patriotas Carreras y O´Higgins, diferenciada de esta por la colocación de sus colores, fue cosida por las manos amorosas, pero poco diestras en afanes de costura, de Cambula, sobrenombre de la manzanillera Candelaria Acosta Fontaigne; al día siguiente, el 10 de octubre de 1868: ante esta bandera, juraron el Padre de la Patria y sus seguidores el Grito de Yara.

Las Disposiciones Especiales Primera, Segunda y Tercera de la derogada Ley 42 de 1983, rendían merecido reconocimiento a la Bandera del Padre de la Patria; ahora, la nueva Ley, en sus Disposiciones Especiales Primera y Segunda, rescribe con profundo sentido patriótico la trascendencia de aquel otro símbolo patrio, empuñado en el inicio de la gesta redentora que encabezara Carlos Manuel de Céspedes y Loynaz, imperecedera manifestación de independencia y soberanía nacionales.

Así la enaltecen en el ara de la Patria:

Primera: Constituye un símbolo de relevancia histórica para la nación la bandera de Carlos Manuel de Céspedes que se izó en el batey de su ingenio “Demajagua” cuando el 10 de octubre de 1868 se alzó en armas contra la dominación colonial española, considerada por la Asamblea de Guáimaro como parte del tesoro de la República. (…).

Segunda: En la ciudad de Bayamo y en el Parque Nacional “Demajagua”, monumentos nacionales, ondea permanentemente, junto a la Bandera Nacional, la bandera de Carlos Manuel de Céspedes.

En la sala donde celebre sus sesiones la Asamblea Nacional del Poder Popular, figura siempre, junto a la Bandera Nacional, y en lugar de honor, la bandera de Carlos Manuel de Céspedes.

En el mausoleo del Padre de la Patria, Carlos Manuel de Céspedes, en el cementerio de Santa Ifigenia, en Santiago de Cuba, Ciudad Héroe, permanece enarbolada la Bandera Nacional y una réplica de la que se utilizó el 10 de octubre de 1868.

En el bauprés de los buques de guerra, se iza la bandera de Carlos Manuel de Céspedes, conforme a lo dispuesto por el Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias.

(…).

¿Cómo se defiende los Símbolos Nacionales?

No basta con plasmar en la letra de la nueva Ley de los Símbolos Nacionales las reglas y conductas a observar por los ciudadanos, en circunstancias pertinentes, en presencia de los símbolos patrios; a veces el respeto exigido a dichos símbolos se logra gracias a la compulsión coercitiva de la ley.

Así, la propia norma de símbolos patrios, en su única Disposición Transitoria, en justa concordancia con los artículos 3 y 90 de la Constitución de la República, invocados más arriba, advierte premonitoriamente que:

Hasta tanto entre en vigor el nuevo régimen de contravenciones, se dispone que:

Las personas, en ocasión de actos oficiales o encontrándose en espacios públicos están obligadas a guardar el debido respeto a los símbolos nacionales.

Del mismo modo tienen la obligación de cumplir las disposiciones establecidas en

cuanto al uso y honores a los mismos.

La infracción de lo dispuesto será objeto de una notificación preventiva o multa de doscientos pesos, siempre que dichos actos no sean constitutivos de delitos.

Contra la medida impuesta procede imponer recurso de apelación que se resuelve conforme a los trámites establecidos en el Decreto No. 141 de 24 de marzo de 1988.

Se encarga al Ministerio del Interior del cumplimiento de lo dispuesto.

No es redundante aclarar que se trata de acciones u omisiones de escasa entidad social, calificadas como contravenciones del orden interior, pero que, como advierte la propia Disposición, si el hecho gana en peligrosidad social se transmuta en delito, figura recogida en el Título IV Delitos contra el Orden Público, del vigente Código Penal, Ley Número 62 de 29 de diciembre de 1987, en su Capítulo III, denominado Ultraje a los símbolos de la patria; así lo describe:

Artículo 203. El que ultraje o con otros actos muestre desprecio a la bandera, al himno o al escudo nacionales, incurre en sanción de privación de libertad de tres meses a un año o multa de cien a trescientas cuotas.

Si la labor educativa de los ciudadanos cubanos es efectiva, como exigen la Constitución y la Ley 128, estas figuras contraventoras o delictivas, dejarían de existir, pero aún afloran grietas en la educación de muchos compatriotas, razones suficientes para que dichas medidas coactivas perduren entre nosotros por un buen tiempo.

No basta con la Ley de los Símbolos Nacionales ni con la Constitución de la República para respetarlos: es necesario la conciencia de su importancia. La Bandera de la Estrella Solitaria, el Himno de Bayamo y el Escudo de la Palma Real son definidores de nuestra identidad nacional, como es la lengua materna, y deben ser defendidos.

En el entorno contemporáneo nuevos símbolos se levantan, no solo de banderas o escudos foráneos sino de gustos, preferencias y hábitos de vida, pero, ante ellos, impidamos como dijo un patriota que, al volver de distante ribera, buscó afanoso su bandera y la vio confundida con otra; pero nuestros símbolos, auténticamente nuestros, la Bandera de la Estrella Solitaria sostenida por el puño de Isidoro Armenteros Muñoz, el Himno de Bayamo entonado por Perucho Figueredo, el Escudo de la Palma Real ideado por Miguel Teurbe Tolón y la Bandera del Padre de la Patria pespunteada por Cambula, levantados en alto, de consuno, conjuren las asechanzas de símbolos invasores que pretenden desvanecerlos al grado de meras fantasmagorías anacrónicas.

¡Conciencia y paciencia!, como sostuvo el Tercer Descubridor de Cuba.

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