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“¡Muchachos, cará..!”

Por: José F. González Curiel

Es inevitable que al escribir hoy para nuestros jóvenes me llegue el recuerdo de aquel pasaje de aventuras en el que un padre contemplaba a sus inquietos, pero virtuosos hijos que frente a sus narices se les hacían distintos y expresaba con profundo amor paternal: “¡muchachos cará..!”

Para ser consecuente, parto de reconocer que somos nosotros los que acompañamos a los jóvenes en la dinámica más profunda y eficente de la Universidad, porque son la qintaesencia de nuestro quehacer. Son ellos los que se forman como futuros profesionales, los que luego de graduados se mantienen en plena superación, otros nutren nuestro claustro de sangre, fuerza y razón renovadas para caminar todos los días en busca de los sueños. Son, por tanto, nuestro más preciado recurso.

Lo lógico es lo histórico rectificado. En los jóvenes universitarios espirituanos tenemos hoy la sabia heredada de tantas generaciones que desde siglos han tomado lo mejor del pensamiento universal para explicar de manera auténtica las actuales problemáticas que nos ha tocado vivir, poniendo una alta cuota de originalidad a sus actos.

Y los vemos como se ha de ver toda la naturaleza humana: en sus contradicciones infinitas, no solo entre el bien y el mal. Y son ellos; formados por nostros, pero ellos. Con maneras distintas de hacer las cosas, pero las hacen; con sus pantalones más estrechos que sus almas; sin medias en los zapatos pero pocas veces a medias en sus deberes, con sus cuerpos tatuados y su espíritus ilustrados; sin libros de papel pero con libros digitales, sin maletas en las manos pero con mochilas a la espalda, sin discursos trascendentales pero con el verbo ardiente y concreto.

Así van ya solos, haciéndose necesarios en escuelas, entidades, comunidades, centros de investigaciones; en sus barrios y en sus familias. Lo hacen en la misma medida en que lo hicimos nosotros en nuestra juventud. Su más completa lección nos aconseja, si los que hacemos el pepel de sus educadores somos inteligentes, que en toda momento los educadores necesitan ser constantemente re-educados tomando de ellos mismos.

Estas son las razones por las que perdura una Revolución que ha tenido el protagonismo de tantas generaciones, de lo contrario ya fuera solo historia. Y lo seguirá teniendo de esta juventud de hoy porque sus formas de pensar y actuar lo enseñan a toda hora.

Serán todos? No; pero tampoco fueron todos en décadas anteriores. El devenir  está lleno de contradicciones en cada generación (nótese bien que no escribí conflictos, sino contradicciones en el más perfecto espíritu dialéctico). Siempre hay hombres imperfectos en cada lado de la política, de la moral, de las artes y de toda obra humana.

Lo que me hace dormir tranquilo es que en el día a día, cuando se hace  necesario el compromiso, la participación y el acompañamiento de nuestros jóvenes, la inmensa mayoría de ellos en nuestra Universidad han estado prestos a cerrar filas y caminar  también con la mirada en la excelencia. Ellos siguen siendo los protagonistas que movieron cuerdas para enriquecer la colección de honores que nos hacen los que desde fuera nos miran con ojos críticos, aunque a veces tengamos que bajar juntos la cabeza en momento de regaños; pero son, al fin, esos los que queremos: “NUESTROS VALEROSOS MUCHACHOS” 

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