home Entre universidades Violencia familiar: nuevas miradas desde el ordenamiento jurídico

Violencia familiar: nuevas miradas desde el ordenamiento jurídico

Tomado de Granma. Por: Yudy Castro Morales

Los mitos sobre la violencia familiar son tan antiguos como cada una de sus manifestaciones. Y son absolutamente falsos.

Que solo las agresiones físicas son expresiones de violencia, y que nada más ocurren en hogares de bajos ingresos, pertenecientes a lugares marginales, son algunas de las creencias más comunes.

La realidad, sin embargo, confirma a diario, con suficiente elocuencia, que la violencia puede ser también sicológica, económica, patrimonial y puede ocurrir en todo tipo de familias, independientemente de su nivel económico o cultural.

«Ella (o él) se lo buscó», «los celos son una manifestación de amor», «lo que pase en la familia, bueno o malo, se queda en ella», «la letra con sangre entra», también son frases que engrosan la abultada lista de mitos que, a juicio de los especialistas, responsabilizan a la víctima, perjudican su percepción acerca del abuso y neutralizan su reacción y denuncia.

Para la doctora Yamila González Ferrer, vicepresidenta de la Unión Nacional de Juristas de Cuba (UNJC) y de la Sociedad Cubana de Derecho Civil y de Familia, «la Constitución cubana imprime el mayor rango a la prevención y atención a la violencia en el espacio familiar».

Tanto en ese ámbito (Art. 85), agrega la también profesora titular de la Facultad de Derecho de la Universidad de La Habana, como en lo referido a la violencia de género (Art. 43) y contra niñas, niños y adolescentes (Art. 84 y 86), la Carta Magna de 2019 se ubica en un lugar notable a escala planetaria en el abordaje constitucional de esta temática.

La Ley de leyes, específicamente en su Artículo 85, expresa que: «la violencia familiar, en cualquiera de sus manifestaciones, se considera destructiva de las personas implicadas, de las familias y de la sociedad, y es sancionada por la ley».

Tal proyección, considera González Ferrer, es abarcadora de los tres ámbitos en los cuales incide negativamente la violencia en el espacio familiar, y que no se pueden perder de vista: el individual, el familiar y el social. En ese mismo sentido, el precepto abre su abanico protector a todas las manifestaciones en que puede presentarse.

No obstante, aclara la experta, «fuera de los casos donde su alcance obliga a un tratamiento en la vía penal, la violencia familiar no suele generar hoy, en Cuba, consecuencia jurídica palpable alguna.

«De ahí la necesidad de potenciar el perfeccionamiento de los mecanismos jurídicos y de políticas públicas, para que no exista impunidad y se brinde la protección más elevada a las víctimas».

Según González Ferrer, se impone elaborar nuevas disposiciones jurídicas y modificar o perfeccionar otras existentes, en materia no solo sustantiva familiar, sino también contractual, sucesoria, procesal y penal, de modo que sea posible desarrollar los postulados constitucionales.

El nuevo Código de las Familias, por tanto, es una de las normas que deberá nacer atemperada a los preceptos de la Carta Magna en cuanto al tratamiento de la violencia familiar, así como a la protección contra cualquiera de sus manifestaciones. 

LAS RAÍCES DEL DOLOR

Yamila González, quien coordina, además, el proyecto Justicia en Clave de Género, de la UNJC, insiste en definir qué es la violencia familiar, cuáles son sus causas y tipos, porque siempre hay que conocer el fenómeno para poder enfrentarlo y evitarlo.

De acuerdo con la profesora, la violencia en los contextos familiares forma parte del entramado de la violencia que existe en la sociedad. Es, a su vez, un fenómeno universal, con sus características históricas concretas y las peculiaridades de cada grupo familiar; es un problema social que posee disímiles causas y dimensiones y abarca a todos los tipos de familias existentes. 

La propia estructuración patriarcal de la familia, reconoce González Ferrer, «la convierte en una de las instituciones sociales más violentas, ya que en ella se desarrollan relaciones de poder asimétricas por la vía del género y la generación, que son las garantes de la legitimación y reproducción del patriarcado como sistema de dominación».

A partir de su interdependencia con el entorno, «la violencia familiar ha de entenderse como un proceso. No es casual ni se establece de la noche a la mañana, sino que posee un doloroso camino de formación, que se va instaurando en el clima familiar a través de un ciclo interminable de conductas muy nocivas para los seres humanos».

En opinión de la Vicepresidenta de la UNJC, la violencia es un problema cultural, no enteramente jurídico, por lo que se debe accionar sobre los resortes sociales, educativos, culturales que la posibilitan, sin desdeñar la utilización del Derecho como y cuando corresponda.

En términos conceptuales, subraya, «la violencia familiar o intrafamiliar es la que se produce en el seno de la familia. Hace referencia a cualquier forma de abuso que se da entre sus miembros, e implica un desequilibrio de poder que se ejerce desde el más fuerte hacia el más débil».

Constituyen expresiones de violencia familiar el maltrato físico, síquico, moral, sexual, económico o patrimonial, ya sea por acción u omisión, directa o indirecta, en el que agresores y víctimas mantienen o mantuvieron relaciones de pareja, así como la que se produce entre parientes. Igual tratamiento debe conferirse a los hechos de esta naturaleza cometidos entre personas con relaciones de convivencia.

En palabras de la experta, existen tres modos significativos en que se expresa la violencia familiar, pues en la familia patriarcal, jerárquica, el poder se ejerce atendiendo a dos líneas fundamentales: género y generación.

VIOLENCIA DE GÉNERO

Es un tipo de violencia muy particular, que tiene como base la cultura patriarcal, asentada en la desigualdad de poder entre el hombre y la mujer. Está sustentada en estereotipos sexistas, generadores de prejuicios, que derivan en expresiones de discriminación por razón de sexo, género, orientación sexual o identidad de género.

Puede ser física, sicológica, sexual, moral, simbólica, económica o patrimonial, e impacta negativamente en el disfrute de los derechos, las libertades y en el bienestar integral de las personas.

Se presenta en ámbitos familiares, laborales, escolares, políticos, culturales y en cualquier otro de la sociedad. Su expresión más generalizada, frecuente y significativa, es la que ocurre contra las mujeres.

No obstante, la violencia de género contra los hombres existe, como la homofóbica, por ejemplo, cuando les agreden por haber transgredido la normatividad de género desde los cánones de la masculinidad hegemónica; o las burlas y cuestionamientos que pueden recibir aquellos que asumen la corresponsabilidad con respecto a las tareas domésticas y en el cuidado de sus hijos e hijas y entonces son criticados por sus familiares, compañeros de trabajo o amigos.

VIOLENCIA CONTRA LAS PERSONAS ADULTAS MAYORES Y CONTRA AQUELLAS EN SITUACIÓN DE DISCAPACIDAD

Es la que se manifiesta contra las personas por razón del envejecimiento, dada la disminución de sus capacidades físicas e intelectuales, económicas y de participación social.

Sus expresiones más comunes son el abandono físico y emocional, el descuido higiénico, médico y alimentario, la subestimación, la manipulación financiera y patrimonial, el maltrato físico y verbal.

VIOLENCIA CONTRA NIÑAS, NIÑOS Y ADOLESCENTES

Es la que ocurre con respecto a las niñas, los niños y adolescentes por su condición de personas en desarrollo. Aun cuando directamente no sea sobre ellos, se considera violencia directa por afectar el adecuado desarrollo de su personalidad y el sentimiento de seguridad y de confianza en quienes los rodean, con trascendencia a su vida social.

Sobre este sensible tema, algunos piensan que, en situaciones de violencia en el seno familiar, si esta no es sobre la persona del hijo o la hija, no existe un nivel de afectación significativo, cuando el daño derivado de vivir en ambientes violentos es severo para el desarrollo integral de su personalidad y con consecuencias muy negativas hacia el futuro.

Sea cual sea la naturaleza de los conflictos, sostiene González Ferrer, «su solución no debe gestionarse de forma violenta, sino a través de la comunicación y la negociación. Urge una educación y una cultura de paz, de respeto a los derechos humanos, basadas en la necesidad de aprender a convivir y relacionarse en armonía».

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *