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Como el Apóstol, «morir por la Patria es vivir»

Tomado de Juventud Rebelde

Cual épica que cabalga con amores, esperanzas y consuelos a cuestas, la Patria necesita de la inteligencia, la entrega y el decoro de sus hijos. El empeño de mancillarla ahora se disfraza de arte y el vilipendio se exhibe para saciar las ansias devoradoras del mercado del odio.

Ya no disimulan las intenciones: emborronarnos símbolos, obligarnos a creer que nuestro devenir sociohistórico está lleno de extremismos y tildarnos de negacionistas. Usan a Martí, lo mecen de un lado a otro desconociendo su profunda esencia patriótica. Se pintan en el pecho palabras que les quedan grandes y ceban los alaridos de un contubernio intervencionista.

En el orgullo de la Patria, no caben quienes en vez de honrarla la empantanan, no le sirven para bien, no la quieren con desprendimiento ni apartan de ella sus furias y apetencias.

Escribió Martí que el amor de Patria «ha de ser enteramente puro, sin mezcla de interés personal, activo hasta el frenesí y el sacrificio, hasta la bandera, pero con una actividad de sacerdote, sin que ella se manche nunca con el menor viso de ambición o celo».

Seguir secuestrando la voz del pueblo para como ventrílocuos alimentar una diatriba confrontacional, es este el propósito de quienes dicen desconocer una frase que, lo mismo para los cubanos como para nuestros críticos más acérrimos, es símbolo de resistencia, soberanía, autodeterminación, antimperialismo y no injerencia. Con ¡Patria o Muerte! se sintetizan nuestra dignidad, respeto y sacrificio. Eso es difícil de sepultar con melodías festinadas.

Febrero, como el Apóstol, no cede espacio al olvido. Un 24, se escuchó el grito de independencia que renovó las ansias de libertad de los cubanos e inundó los campos mambises, desbrozando cualquier seña de inmovilismo y sumisión ante una potencia extranjera.

Por eso, mientras haya quien nos convide a olvidar la historia y se le anule a esta con impudicia; mientras existan quienes quieran ver calles invadidas y ensangrentadas por una intervención militar norteamericana, el cántico de esta tierra seguirá propugnando lo que nuestro más sagrado símbolo, el Himno, invoca: «morir por la Patria es vivir».

 

 

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Un comentario en «Como el Apóstol, «morir por la Patria es vivir»»

  1. El 28 de agosto envía a la madre una fotografía desde el presidio, y en el reverso, el aliento del hijo que sufre y le implora que no llore: «Mírame, madre, y por tu amor no llores,/ si esclavo de mi edad y mis doctrinas/ tu mártir corazón llené de espinas,/ piensa que nacen entre espinas flores».
    En sus Versos Sencillos, habla del amor: Porque noto, alma torcida/ Que en mi pecho milagroso/ Mientras más honda la herida/ Es mi canto más hermoso/.
    Su antiimperialismo no enorgullece, da su vida por la patria y lo expresa en su testamento político cuando afirma: «Ya puedo escribir (…) ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país»
    Para Fidel, es «el más genial y universal de los políticos cubanos» y sus ideas constituyen un «manantial inagotable de sabiduría política, revolucionaria y humana». Che, al considerarlo «mentor directo de la Revolución» y calificar a su obra «nuestro emblema, nuestra bandera de combate», porque su combate por la patria cubana no se detuvo en Dos Ríos
    Por eso los cubanos decididos seguiremos propugnando lo que nuestro más sagrado símbolo, el Himno, invoca: «morir por la Patria es vivir».

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