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Nuestra disyuntiva es y será ¡Patria o muerte!

Alrededor de las 3:10 p.m. del viernes 4 de marzo de 1960, el estruendo sacudió a La Habana y un hongo negro se elevó sobre el lado oeste del puerto, donde desembarcaban 31 toneladas de granadas y 44 de municiones. Era una carga necesaria para la defensa del proceso de cambio social iniciado el 1. de enero de 1959, amenazado desde su nacimiento por el Gobierno de EE. UU.

La primera explosión dejó sin techo las bodegas y destrozó la popa del vapor  La Coubre, causando numerosas muertes y heridos. Minutos después, una segunda explosión cobró nuevas víctimas entre quienes acudieron al rescate, y el balance nefasto aumentó hasta superar el centenar de fallecidos y los 400 heridos, sin contar las decenas de mujeres que quedaron viudas y más de 80 niños sin padres.

El buque había partido desde Bruselas, y había cargado antes en Hamburgo, Bremen y Amberes, 5 216 bultos de explosivos; su arribo a La Habana estaba previsto para el 2 de marzo, y el regreso a Europa para el 7 de abril, con 340 toneladas de azúcar que serían embarcadas en el propio puerto capitalino. Todo fue diferente.

El día 5, en el duelo de las víctimas del sabotaje, el Comandante en Jefe haría pública la consigna que nos identifica como pueblo irreductible ante las amenazas y las acciones de los enemigos de la Revolución; palabras que aún siguen vigentes y que se precisan en el siguiente fragmento de su discurso:

«Ojalá los que, perturbados en el más elemental sentido común, se atreven a considerar como posible cualquier género de invasión a nuestro suelo, comprendan la monstruosidad de su equivocación, porque nos ahorraríamos muchos sacrificios. Mas, si ello ocurriera, por desgracia, pero sobre todo para desgracia de los que nos agredieran, que no les quede duda de que aquí, en esta tierra que se llama Cuba, aquí en medio de este pueblo que se llama cubano, habrá que luchar contra nosotros mientras nos quede una gota de sangre, habrá que pelear contra nosotros mientras nos quede un átomo de vida. 

«Nosotros nunca agrediremos a nadie, de nosotros nadie nunca tendrá nada que temer, pero quien nos quiera agredir debe saber sin temor a equivocarse que con los cubanos hoy (…), con los cubanos de esta década, con los cubanos de esta generación, con los cubanos de esta era –no porque seamos mejores, sino porque hemos tenido la fortuna de ver más claro, porque hemos tenido la fortuna de recibir el ejemplo y la lección de la historia; la lección que costó tantos sacrificios a nuestros antepasados, la lección que costó tanta humillación y tanto dolor a las generaciones pasadas, porque hemos tenido la fortuna de recibir esa lección–, con esta generación hay que pelear, si nos llegan a agredir, hasta su última gota de sangre…

«Y sin inmutarnos por las amenazas, sin inmutarnos por las maniobras, recordando que un día nosotros fuimos 12 hombres solamente y que, comparada aquella fuerza nuestra con la fuerza de la tiranía, nuestra fuerza era tan pequeña y tan insignificante, que nadie habría creído posible resistir; sin embargo, nosotros creíamos que resistíamos entonces, como creemos hoy que resistimos a cualquier agresión.  Y no solo que sabremos resistir cualquier agresión, sino que sabremos vencer cualquier agresión, y que nuevamente no tendríamos otra disyuntiva que aquella con que iniciamos la lucha revolucionaria: la de la libertad o la muerte.  Solo que ahora libertad quiere decir algo más todavía: libertad quiere decir patria.  Y la disyuntiva nuestra sería patria o muerte».

2 comentarios en “Nuestra disyuntiva es y será ¡Patria o muerte!

  1. Fresca aún la sangre de los obreros y soldados que descargaban el vapor francés La Coubre, el mundo escuchó por primera vez el juramento de ¡Patria o Muerte!, proclamado por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz.
    Sí, Patria y vida proclamó antes el Comandante en Jefe, quien, por demás, con ejemplar humildad, aclaró que lo oyó a una diputada. Conversando con pioneros, el 23 de diciembre de 1999, había dicho el guerrillero: «Voy a usar hoy una frase, no definitiva, porque nosotros no debemos renunciar a la idea de Patria o Muerte, ni a la idea de Socialismo o Muerte, y voy a decir como dijo una joven diputada en la Asamblea Nacional: ¡Patria y Vida! ¡Vida para ustedes es la que queremos!».
    «Patria o Muerte» es hoy un llamado a la unidad, a la preservación de una sociedad que pondera al ser humano.
    Porque ¡Patria o Muerte! es una elección irrenunciable, un camino en el que no contemplamos ni la más mínima posibilidad de retroceso. Es la certeza que asumimos con la frente en alto y con el optimismo y la esperanza a flor de piel.
    Para los cubanos hay cosas que no son negociables: o tenemos la Patria, o preferimos la muerte.

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