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Está invicta la Revolución socialista y democrática

Tomado de Granma. Por: Karina Oliva

«Compañeros obreros, esta es una Revolución socialista y democrática de los humildes, con los humildes y para los humildes. Y por esta revolución (…), estamos dispuestos a dar la vida». Tales fueron las palabras de Fidel, aquel 16 de abril de 1961 ante un pueblo profundamente dolido e indignado por la agresión imperialista que acababa de sufrir. No declamaba un lema, al día siguiente saldría de primero a enfrentar la invasión por Playa Girón, en la que se le ocasionó al imperialismo una derrota legendaria. El pueblo estaba, literalmente, dando la vida.

Hay quienes dicen que no son épocas de consignas, y tienen razón. La historia que hemos vivido hasta aquí no cabe en una consigna. No cabe en una consigna la manera como hemos resistido, sin entregar la soberanía de la nación, la violencia sistemática de uno de los centros de poder capitalista más fuertes de la historia. No cabe en una consigna la agudeza y determinación necesarias para llevar adelante los cambios que demanda el presente, la honestidad con que debemos afrontar de forma autocrítica nuestras limitaciones, ni la fuerza y la convicción con que se requiere trabajar para construir el país que deseamos.

El día en que se declaró el carácter socialista de la Revolución, recién habíamos vencido una dictadura. Sin un sistema que quebrase las estructuras de dominación del capitalismo y acabase con todas las formas de explotación, el aparato jurídico-político burgués, a pesar de ser republicano, seguiría siendo funcional a las élites en menoscabo de los humildes. La Revolución no traicionó al pueblo que la llevó al poder.

Han pasado 60 años de aquel día histórico. El contexto cubano contemporáneo es otro. Aprobamos una Constitución en la cual se reconoce el carácter irrevocable del socialismo en Cuba. No obstante, el pacto colectivo por la continuidad de nuestro socialismo nos toca actualizarlo día a día.

Hoy los desafíos son otros: avanzar con los cambios que fueron aprobados y sacar adelante la economía; una economía sitiada, claro está, pero que necesitamos que progrese. Es preciso tener la claridad de que ningún cambio económico es solo un tecnicismo; es un proceso de complejas implicaciones políticas, sociales, subjetivas, culturales. ¿Cómo lograr la convergencia entre las transformaciones económicas requeridas y la profundización de la justicia, la equidad y la democracia en nuestro país? Abandonando el camino del socialismo, no sería posible.

Pareciera la nuestra una apuesta necia en una región en la que ha avanzado tanto el neoliberalismo. Pero justamente, por esa necesidad de otro mundo posible, adquiere sentido nuestra necedad. No estamos defendiendo caprichosamente un delirio, estamos tratando de sacar adelante la mejor alternativa, porque tenemos conciencia del momento histórico que estamos viviendo y el enclave geopolítico en que estamos varados.

Un día como hoy, como si estuviera entre la multitud de aquel pueblo reunido en pie de lucha el 16 de abril de 1961, digo: ¡Venceremos! Aunque nuestros desafíos sean distintos, aquí estamos. ¡Y no es una consigna! Realmente, ¡aquí estamos!

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