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«Chamaquili» son todos los niños

Tomado de Granma. Por: Laura Mercedes Giráldez

Chamaquili, «el de la preocupación», camina pensativo de una esquina a otra. Llama al doctor Durán para saber si contra la pandemia de la indisciplina existe una medicina. Si se siente calientico, sabe que debe hacerse un CDR ¡digo!, un PCR. Chamaquili le hace muchas preguntas a Mapá sobre ese «bicharraco» que tiene a los pequeños sin salir de casa y usando nasobuco.

«Chamaquili es Chamaquili. Está inspirado en todos los niños y las niñas. Es sinónimo de niño pequeño, ocurrente, preguntón», cuenta Alexis Díaz-Pimienta, autor de 22 libros de Chamaquili y que, «de un tirón», escribió Chamaquili y la pandemia, que está siendo llevado a la televisión por un equipo de La Colmenita.

La idea de este nuevo texto nació –recuerda Carlos Alberto (Tin) Cremata– «de una corazonada de Muma (Claudia Alvariño Díaz), una maestra actual y exniña colmenera, que desde La Colmena TV se convirtió en la codirectora artística de nuestra pandilla de miel».

Lucas, el pequeño de cinco años de Claudia Alvariño, «vive desbordado de reacciones muy simpáticas», así es que ella le pidió a ese popular repentista, poeta y escritor, que le escribiera un Chamaquili para su hijo.

La petición de Muma fue para Alexis «un arrebato». Cuando vio la luz el primer poema, jamás pensó que lo siguiente serían 50 páginas repletas de deliciosos versos que despiertan al Chamaquili que todos llevamos dentro. «¡Ya no pude parar! Es el libro de Chamaquili más extenso de todos. Lo escribí en el teléfono móvil, esa misma noche. Me acosté como a las cinco de la mañana. Al día siguiente lo pasé al ordenador, lo corregí y se lo mandé. Cremata «enloqueció». Decidieron que lo harían para la televisión. ¡Dicho y hecho! La TV cubana enseguida le abrió las puertas, los brazos y corazón al proyecto».

Tin, que andaba con «las musas de vacaciones», cayó en un «alumbrón creativo» al leer los poemas. Esa tarde regresó a su casa soñando, «inmensamente feliz», con la puesta en pantalla de «aquellas maravillas».

Por su parte, Muma había sido alumna aplicada de Ángel Alderete, Roly Peña y Danylo Sirio. En la experiencia de La Colmena TV aprendió «viendo trabajar a esos maestros». Precisamente, para Tin la principal satisfacción ha sido «el descubrimiento de Muma, ¡que lo hace casi todo!, es la directora de fotografía, camarógrafa, editora, luminotécnica, asistente de sonido, ambientadora y co-directora general de esta travesía, y todo eso con un “loco bajito” y una bebita que le ocupan mucho tiempo».

Aunque el coronavirus limitó «los contactos, traslados y el calorcito melífero» a que están acostumbrados, los colmeneros no cedieron ante el reto de hacer todo prácticamente dentro de las casas.

«Junto a nuestra directora de sonido Janet Rodríguez del Sol, primero se graba la voz, que es lo más complejo, luego se filman las imágenes y después Muma edita. Inmediatamente su esposo, el excelente músico René Baños, director de Vocal Sampling, ecualiza y musicaliza, y un equipo integrado por Liuba Reyes, Claudia Garlobo (nuestra atrezzista) y una pareja de mágicos diseñadores, Annelis y Hanssel, del Grupo de Comunicación hnn de La Colmenita, subtitulan y agregan los cuadros de presentación y despedida, desde sus casas», detalla Tin.

Además, «sin el apoyo de la Televisión Cubana estuvieran los Chamaquilis engavetados. En cuanto conocieron a nuestro protagonista se convirtieron, arrobados, en sus tíos y abuelos».

La Colmenita crea entre sus miembros una suerte de familia que trasciende el espacio de ensayo y el escenario. Unidos por ese calor contagioso de la miel, entre René, Muma y sus dos hijos y Tin, su esposa Liset y el pequeño Damiancito, quien inspiró un poema de Alexis, se lleva a cabo más del 90 % de toda la producción de estos capítulos, que paralizan las actividades hogareñas para reunir frente a la pequeña pantalla a distintas generaciones de cada hogar cubano.

Sin dudas, la producción de Chamaquili y la pandemia está siendo un constante aprendizaje para esos creadores que tocan a las puertas de nuestra imaginación llevándonos, de forma mágica y bien pensada, un recado que urge ser atendido no solo por los más chicos.

«Los mensajes chamaquilianos son desde los niños, pero no exclusivamente para ellos, sino y, sobre todo, para los adultos, que son los que más tenemos que hacer para que prevalezca la responsabilidad».

Aunque los episodios de Chamaquili y la pandemia duran lo que un poema, varios han sido los invitados –populares entre los cubanos– que han contribuido con esta tropa para difundir su mensaje.  «La idea es que vaya interactuando con Chamaquili lo más lindo del alma de Cuba. No excluimos a nadie, lo importante es que sean cubanos, que todos sepan cuánto aman a Cuba y cuánto Cuba los ama».

Cuenta Tin que esta aventura audiovisual se ha convertido en puente para uno de los mayores sueños de La Colmenita. El próximo verano, cuando las condiciones epidemiológicas lo permitan, comenzará la producción de una serie de cortos televisivos de tres minutos, «que van a contar –lo más hondo que podamos–, cómo nosotros sentimos y queremos a Cuba y a sus héroes todos. Ahí Lucas no va a ser Chamaquili, porque Chamaquili son todos los niños, sino que su personaje se va a llamar como él, y va a tener dos amiguitos: Pepito, el de los cuentos, y María del Carmen, la de La Colmena tv, con textos que está escribiendo Llanisca Lugo, la autora del espectáculo Abracadabra». 

Por su parte, Alexis Díaz-Pimienta –«feliz, emocionado, exultante, renacido»–, ha seguido escribiendo. «Espero que cuando los niños cubanos crezcan y vean como una lejana pesadilla la pandemia, por lo menos recuerden con una sonrisa que, en esa época nació Chamaquili, «el de la preocupación», el de «¿Coronavirus conmigo? ¡No me conocen, Mapá!».

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