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Música para hacer y enseñar

Tomado de Juventud Rebelde. Por: Lisandra Gómez Guerra

SANCTI SPÍRITUS.— Una tarde de octubre, sentada frente a la televisión, después de tomar un respiro entre planes de clases y la práctica del contrabajo, volvió a escuchar por el canal territorial Centrovisión la existencia de una organización que agrupa a la juventud artística.

No era la primera vez, y hasta el nombre (Asociación Hermanos Saíz) le sonó musical. Siguió su instinto y días después pidió información. A los pocos meses se vio con el carné que la acreditaba como nueva integrante de la AHS.

«Ha sido una gran bendición, ya que entre todos hemos hecho realidad muchos sueños —cuenta Dianelys Hernández, una de las voces líderes de cuanto debate se genera en la sección de Crítica e Investigación en la filial espirituana de la AHS—. Somos pocos, pero como siempre digo hacemos tremenda bulla. Nos reunimos, compartimos proyectos, gestamos el grupo de WhatsApp Comunidad científica —vía de superación para jóvenes investigadores del país en tiempos de COVID-19— y estamos activos en los eventos que suceden en Cuba y en el mismo Sancti Spíritus para multiplicar saberes».

Habla, y la pasión por escudriñar en la historia de la enseñanza musical espirituana y cubana toma protagonismo. Su primer contacto con la investigación científica fue durante el diplomado de Cultura Cubana, en el cual realizó un estudio sobre las academias musicales en Sancti Spíritus en el siglo XIX.

«Es una sed que no encuentra satisfacción. Eso fue al egresar del Instituto Superior de Arte (ISA). Luego matriculé la maestría en Música, Educación y Sociedad, de la Universidad de Ciencias Pedagógicas Enrique José Varona, de La Habana. Para graduarme trabajé en la significación histórica de todas las academias de música de este territorio entre 1806-1968».

Todo eso al unísono de su otro deleite: impartir clases. Antes de que la COVID-19 se asentara aquí resultaba muy fácil encontrar a Dianelys Hernández. En uno de los laberintos de la Escuela elemental de arte Ernesto Lecuona se ubica su pequeña aula, desde donde escapan los sonidos del contrabajo.

«Cursé en ese mismo centro canto coral y contrabajo. Las mismas especialidades que al aprobar el pase de nivel hice en la Escuela Nacional de Arte (ENA). Luego, en el ISA, solo me centré en el instrumento. Aunque te confieso que me arrepentí de no realizar pruebas de ingreso en Dirección coral una semana antes. En uno de esos días de tantos estudios comprendí que mi vocación era la música».

Recuerda entonces que no pocas veces ha debido crecerse ante miradas inquisidoras que se preguntan cómo, con su estatura y delgadez, puede hacer suyos los 190 centímetros de altura y 65 centímetros de ancho del instrumento.

«Desarrollé a muy temprana edad, por lo que al llegar a la entonces Escuela Elemental tenía las condiciones físicas para iniciar en la enseñanza de ese instrumento. Ya en la secundaria todo el mundo me pasó por el lado y yo me quedé con mi tamaño… y con el contrabajo.

«Por suerte tuve profesores que me estimularon mucho. Pero sí me he tenido que esforzar porque, aunque hay habilidades que se desarrollan en las manos, quienes tienen otras condiciones físicas pueden desempeñarse con mayor soltura en el movimiento de los brazos, extensión entre los dedos…».

Con igual destreza dirige la práctica de la Camerata Lecuona, integrada por estudiantes de la única escuela destinada a la enseñanza artística en predios espirituanos.

«Al egresar de la ENA regresé aquí y la universidad la hice por curso para trabajadores, ya que en ese momento hubo necesidad a nivel de país de que los de mi graduación nos insertáramos en la docencia.

«Desde el primer día comprendí que se pasa mucho trabajo y se sufre cuando los estudiantes no aprovechan el tiempo, por lo que hay que motivarlos constantemente y dialogar con sus familias. Cada clase es un reto, una enseñanza, y los aprendizajes son mutuos. Pero es muy reconfortante cuando los escuchas tocar o aprueban el pase de nivel.

«La Camerata Lecuona surgió para formar parte de las propuestas musicales que nuestra escuela regala a la comunidad. Ahí aplico mis saberes de dirección coral y el instrumento», explica.

En el medio de esa vorágine, con 36 años recién cumplidos, sintió que precisaba hacer suyos otros mundos: «El doctorado era una idea fija. Un día contacté a mis profesores en el Varona y lo inicié, gracias a mi tutora. Mi tema tiene alcance para todo el sistema de enseñanza: está dirigido a proponer un diseño curricular para la formación musical en el nivel elemental de la Enseñanza Artística, específicamente en el contrabajo.

En una de las reuniones de la sección de la AHS conoció la existencia de la beca de creación El Reino de este Mundo, que otorga la organización para apoyar financieramente procesos de creación artística e investigación: «Como fue aprobada mi solicitud, el día de la defensa de mi tesis doctoral presentaré, junto a la propuesta teórica, el resultado de un trabajo de campo en diez centros de la Enseñanza Artística del país. Esos medios de enseñanza tecnológicos, que contribuirán a perfeccionar el proceso educativo, los estoy creando gracias a un equipo de especialistas de los Joven Club. Ya el sitio web y el juego didáctico prácticamente están listos. Lo más rezagado es la APK para el programa de estudio. La COVID-19 nos ha retrasado un poco, pero ya perfilo el capítulo dos del informe y estoy enfocada en la escritura de la propuesta».

La fuerza de los sonidos precisa estar presente en la banda sonora de esta joven espirituana. Después de sufrir una decepción porque no fue aprobada la camerata profesional en Sancti Spíritus (por no contar con un chelista), hoy su sueño se escucha: «En papeles las cosas son frías, pero duelen mucho en la práctica. Quienes no aprobaron la idea eran responsables de que no hubiera aquí músicos capaces de interpretar ese instrumento. Afortunadamente regresó a esta ciudad una joven formada por la escuela en chelo y pude realizar mi anhelo: ya hay Camerata en Spíritus.

«Es la primera, y hemos aprovechado el tiempo de pandemia para preparar un repertorio diverso. Nos hemos presentado en actividades con carácter virtual gestadas por la Sectorial de Cultura y Arte y el canal Quinta Studio, cuando honraron los 53 años de fundada la escuela donde nos formamos todos los integrantes y algunos coincidimos como profesores.

«Agradezco a la AHS el haber realizado un primer video profesional. Alíen Fernández grabó varias interpretaciones. Ya estamos listos para presentarnos en el Instituto Cubano de la Música y profesionalizarnos».

Su rostro se ilumina. Confiesa que es justo ahora que se ha encontrado a sí misma. No importa que quede poco tiempo, incluso para sus ejercicios físicos. Finalmente se siente plena esta profesora, investigadora y música espirituana.

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